jueves, 30 de octubre de 2008

Ante la Ley


Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo permitirá.

- Es posible - contesta el guardián -, pero ahora no.

La puerta de la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior. El guardián lo ve, se ríe y le dice:

- Si tantas ganas tienes - intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar su vista.

El campesino no había imaginado tales dificultades; pero el imponente aspecto del guardián, con su pelliza, su nariz grande y aguileña, su larga barba de tártaro, rala y negra, le convence de que es mejor que espere. El guardián le da un banco y le permite sentarse a un lado de la puerta. Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final siempre le dice que no todavía no puede dejarlo entrar. El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los obsequios, pero le dice:

- Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo.

Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo. El guardián tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo.

- ¿Qué quieres ahora - pregunta el guardián -. Eres insaciable.

- Todos se esfuerzan por llegar a la ley - dice el hombre -; ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar?

El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras, le dice al oído con voz atronadora:

- Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

Ante la Ley, Franz Kafka. Esta transcripción la he encontrado en la web. Siendo rigurosos, la traducción resulta muy mala, pero es que no me apetecía "picar a mano" el relato a partir de la edición canónica de Jordi Llovet (Franz Kafka - Obras completas, vol. II. Galaxia Gutemberg)



Hoy he tenido una comida con mi amigo Fernando, creador de ese fantástico blog llamado http://ferhergon.blogspot.com/. Hemos hablado de Estado, de Libertad,... de muchos temas comunes entre liberales heterodoxos. De regreso a casa, tras un día cansado, me acordé repentinamente de este relato de Kafka...

4 comentarios:

alexpantarei dijo...

Hola Rogelio.

¡Qué hermoso relato!

Reconozco que Kafka es una de mis asignaturas pendientes, ya que sólo he leído La Metamorfosis y fragmentos de otras obras. Cada vez que miro los dos volúmenes de las obras completas que tengo en mi biblioteca siento como me increpan por no haberlos elegido frente a otros libros.

Gracias por tu comentario en en la página de la biblioteca de mi blog. Mircea Eliade no es sólo una entrada más en esta, sino una de las personalidades referenciales que han ido forjando mi espíritu a lo largo de estos años. Su obra, erudita y humana hasta casi rozar lo sobrehumano, nunca deja de sorprenderme.

¿Hasta qué punto seguiremos encontrando coincidencias entre nuestros gustos?

Un abrazo, Alex.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Para mí Kafka es una de mis patrias... amigo Panarei.

Qué gran aportación al pensamiento universal el de Eliade y ese conjunto intelectual que se llamó "Círculo de Eranos".

Un placer coincidir contigo, Sr.

Un abrazo.

(P.D. Yo tengo toda la edición -3 volúmenes- de Jordi Llover en Galaxia Gutemberg. De veras que no tiene precio. ¿Por qué no empiezas por los relatos cortos? Bueno, lo que tú veas...)

Fernando dijo...

No acabo de entender la alegoría, me temo. Es a la Ley o a la Justicia a lo que se refiere?

Y gracias por el piropo y la recomendación.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Don Fernando.

Es a la Ley, a la Norma. Pero en Kafka siempre hay algo que causa más desasosiego, todavía: es el miedo a la indefensión, pero su protesta ante cualesquiera coerciones.

Seguiré animando a mis amigos a visitar tu fenomenal blog.