miércoles, 8 de octubre de 2008

Los muertos


“…Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor.

…Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso. Sobre todos los vivos y sobre los muertos”

- Extracto de “Los muertos”, último relato de Dublineses de James Joyce, en la traducción de Cabrera Infante.-

Conocí a Joyce a partir de Samuel Beckett, al leer un estudio crítico de éste último. Recuerdo que estudiaba cuarto curso, en la Politécnica … era muy joven, claro.
Pronto compré Ulises, su magna obra, una de las más importantes del siglo XX en lo que se refiere a literatura inglesa,… qué digo inglesa; en lo que se refiere a literatura universal.

Años más tarde un buen amigo, doctor en filología (¿hispánica?, creo que sí), me recomendó una obra de Torrente Ballester en la que el maestro gallego reconocía el magisterio de Joyce y de Ulises, en particular, en el desarrollo de una de sus novelas. Me estoy refiriendo a La saga/fuga de J. B.

Pero yo lo que quería era hablar de Joyce. Pero como no sé cómo empezar seguiré concatenando recuerdos, o evocaciones, de su figura. Joyce es también Finnegans Wake, que es una contínua creación del lenguaje, a partir de juego de palabras que las transforma y les confiere nuevos significados,… tal vez variaciones ad infinitum (¿como en una fuga?).
Conocí el Finnegans gracias a la música. Fue escuchando un programa en Radio2, hace muchos años, en el que se emitía una composición para la radio desarrollada por John Cage (sí, el mismo: el compositor de 4´33´´), figura clave en la música del siglo XX. La composición era Roaratorio (An Irish Circus on Finnegans Wake). Una obra compleja, pero muy divertida: una aventura musical, en clave experimental.
Del Finnegans , lo digo como curiosidad, procede el término quark (tan de moda en estos momentos…): Three quarks for Muster Mark! Pero yo no quería hablar del Finnegans, ni tampoco de Ulises (con su maravilloso capítulo 15, ni de su “palabra interior”). Yo sólo quería traer al blog uno breve fragmento de esa intensidad lírica que transmite el último relato de Dublineses, Los muertos. Estas apenas cuarenta y una páginas que dura el relato son una experiencia inolvidable (vuelvo con frecuencia a ellas) y, me atrevería a decir, necesaria.

Poco antes de morir, John Huston llevaría a la gran pantalla este gran relato. Su hija Anjelica daría vida a Gretta, en uno de los más emotivos papeles de su carrera. A mí todavía se me pone la carne de gallina cuando recuerdo su última secuencia. Es entonces cuando procuro tener a mano el relato y, más concretamente, su última página.

3 comentarios:

ALTAZOR TEMBLOR DE CIELO dijo...

Gracias por descubrirme Los muertos, tanto el libro como la peli, y gracias también por las fotos del espacio que nos enseñas todos los días.

mcanabalb dijo...

Rogelio,

y yo sin saber de la existencia de esta magnifica bitacora personal!

Que lirismo, que contenidos mas interesantes!

Que apasionante!

Es decir mola!!!

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Un placer volver a saber de usted, Sr. Canabal.

Su blog sí que es bueno e interesante: sí que mola

Lo incluyo en mis favoritos.

Un abrazo