lunes, 3 de noviembre de 2008

El abad de Oseira y la Cuaresma

Fin de semana en Galicia, en Castro Caldelas , para ser más concreto. La celebración del magosto (qué fiesta maravillosa), el encuentro con los amigos, el inigualable paisaje,…

… De regreso, en el tren, continúo leyendo el libro que me ocupa ahora, “Os libros arden mal” de Manuel Rivas, y leo lo siguiente:

…Deixar de sermos carnívoros. Mais xa sabes o que facían os monxes de Oseira em Coresma, cando estaba prohibido comer carne. Tiraban os porcos ao rio e logo botaban as redes para pescalos. Os labradores, que non podian nin cheirar o touciño, baixo pena de excomuñón, foron protestar por aquel abuso e o abade dixo: Todo o que cae na rede é peixe! (*)

Ni que decir tiene que todo el coche (el vagón) se me ha quedado mirando… por la risa tonta (más que justificada) que me ha entrado, tras la lectura de este párrafo genial. (Bueno, tal vez no sea tan genial, sino que la leyenda popular en Galicia genera estas cosas,... geniales).

(*) Aunque creo que se entiende bien, traduzco al castellano:
...Dejar, nosotros, de ser carnívoros. Pero ya sabes lo que hacían los monjes de Oseira en Cuaresma, cuando estaba prohibido comer carne. Tiraban a los cerdos al río y después echaban las redes para pescarlos. Los labradores, que no podían ni oler el tocino, bajo pena de excomunión, fueron a protestar por aquel abuso u el abad dijo: ¡Todo lo que cae en la red es pescado!

7 comentarios:

janys dijo...

Hola Rogelio, yo también extrañaba tus comentarios pero, cómo hacerlo sino había escrito nada?, verdad? Bueno, aquí estoy otra vez; he de aclararte que a veces la inspiración se desvanece de mente y es cuando tardo es sentarme a la compu para dedicarle tiempo a mi blog, intentaré hacerlo con mayor frecuencia. Tu entrada me recuerda a las risas que me provocó el libro: "No basta ser padre" del escritor mexicano Germán Dehesa; con decirte que estando en la calle causaba yo que la gente volteara a verme; en la fila del banco o en el transporte público, pero esos son de los textos que más se disfrutan. Te imaginé en el tren y me ha dado nostalgia, en México los trenes sólo sireven de carga, ya no de pasaje pero me tocó la fortuna de viajar una vez en uno que iba de Aguascalientes a San Luis Potosí. Bueno, me despido por el momento, ojalá sigamos en contacto y aunque no escriba entraads pues está mi correo para saber de ti y tú de mí con mayor frecuencia; sigue leyendo pues es lo mejopr del mundo. Besos desde México.

MAIS CARGADA DE BOMBO dijo...

Unha historia moi divertida. É unha das cousas que máis me gustan do Manolo Rivas: nas súas hitorias, en especial nas tráxicas, mete historias deste tipo que se logran que logran arrancarche risas de non parar. Ademais retrata moi ben a unha institución que nos pretende educar moralmente, en fin...

Respeto a tradución tés un erro, comprensible: "Deixar de sermos carnívoros", traduciríase "dejar nosotros de ser carnívoros". Como dicía comprensible: "sermos" é infinitivo conxugado, un tempo que entre as linguas romances só existe no galego e ademais "en perigo de extinción". Menos mal que vai vir Rosa Díez a facernos coñecer as dúas linguas oficiais, porque atreveríame a dicir que este tempo non o usa o 1% dos galegos, entre os que me inclúo.

E xa por último: Oseira non se debería de traducir (igual que A Coruña ou Ourense). Nun principio os toponimos teñen un significado lexemático, pero co paso do tempo "Ourense" deixou de ter ese sentido relacionado co ouro, Sanxenxo con ise santo, en Casmartiño non vive ningún Martiño, ... e simplemente é unha palabra que sirve para designar unha entidade de poboación, na que cando un a nomea en ningún momento pretende facer referencia ao significado primixenio.

Saúdos

alexpantarei dijo...

¡Maldita sea! Te había escrito un comentario bastante largo sobre el post y al intentar publicarlo ha fallado... Intentaré volver a repensarlo más tarde.

:-S

alexpantarei dijo...

Hola de nuevo, Rogelio. Intentaré repetir lo que quería decir en el primer comentario:

Me ha encantado la historia, muy graciosa. Al leer tu post se me han venido varias ideas a la mente, relacionada con los trenes, los libros...

Es curioso que el libro, que nace quizás como una especie de "degeneración" de la verdadera sabiduría oral, un instrumento en cierto sentido diabólico e individualizador (en la peor de sus acepciones), termine funcionando como nuestro salvador en aquellos lugares y momentos en que no nos es posible el diálogo.

El antiguo tren, máquina romántica e incluso melancólica, asociada a la idea del viaje como transformación personal y al encuentro de otros viajeros, ha sido hoy sustituido por el AVE, heraldo de nuestra actual estética de la velocidad, máquina impersonal e impersonalizadora, cuyos vagones son contenedores y cuyos ocupantes no son ya viajeros, sino seres que dejan de existir desde que se montan hasta que se bajan. Una burbuja espacial demasiado frecuente en nuestra sociedad actual: los espacios del anonimato. La cola del cine, la sala de espera del médico, el centro comercial, el medio de transporte... Confieren un sinsentido de "seguir avanzando hacia la nada". El nuevo tren o el nuevo espacio comercial son, como diría Marc Augé, "no-lugares".

El concepto de viaje como forma de vida ha sido sustituido por trayecto. El trayecto es el lapso inútil en el que el nuevo viajero debe esperar a que se le conduzca de un lugar a otro, tomando como absurdo el viaje mismo, y envuelto en un entorno frío y mecánico en el cual todo intento de diálogo con el resto de individuos le está casi prohibido.

Como decía al principio, es curioso que el libro, que pudo ser visto en un inicio como objeto de individualización y de abolición del diálogo, sirva hoy de salvación en tales espacios.

Cada vez leo más en el bus, y me acuerdo de cuando, hace no tantos años, la gente tenía conversaciones en él. Cada vez me entristece más ver que no me está permitido hacer otra cosa más que leer.

Siento haberme alargado demasiado y haberme desviado del tema del post, pero al fin y al cabo estamos aquí para compartir no ya referencias bibliográficas, sino vivencias bibliográficas.

Saludos.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Gracias a todos.

1. Respuesta a Mais cargada...

Menos mal que tu filología galaica sale a relucir y me permites corregir mis errores en la traducción (como este libro lo esté entendiendo igual, apañado voy... -lo estoy disfrutando moitísimo-).

En lo referenta a Oseira, decirte que fue una errata mía(fíjate en el título de la entrada, en castellano). Lo de A Coruña u Ourense,... francamente no lo veo igual, pero en cualquier caso, prefiero desarrollar mis diferencias de matiz en otra entrada.

Lo dicho, Dr., muchas gracias por la corrección.

Un abrazo.

2. Don Alex.

No me esperaba suscitar una reflexión tan existencial (si me permites el término) como la que nos has regalado. En cualquier caso, muchas gracias por el desarrollo de la idea que resulta sugestiva.

Por cierto, ¿no te seduce, a veces, el viaje interior como forma de aventura de la mente y, si cabe de nosotros mismos?

Un abrazo
(P.D.: Por casualidad, ¿te gustan Radiohead?)

ALTAZOR TEMBLOR DE CIELO dijo...

Hai que ver o listos que foron sempre os monxes!!!!!
Alex: por circunstancias de la vida yo siempre he viajado bastante en tren y en bus y siempre he tenido un concepto muy romántico del viaje, del viaje físico como metáfora del viaje vital (y no os riais los que me conocéis). De hecho, en algunos momentos de mi vida, cuando no me sentía bien o creía que iba a tocar fondo, me metía el viaje más largo que mi economía de estudiante-dependientedepapáymamá me permitía. No eran nunca al extranjero (por desgracia), pero gracias al mal funcionamiento de renfe (por lo menos en Galicia) eran siempre lo suficientemente largos como para que mi catarsis fuese completa (Ourense-Barcelona 14 horas, imagínate). Bien, pues lo que más me gustaba de estos viajes era poder disfrutar del paisaje, de mi cerebro dando vueltas, de algún cuaderno que espero y deseo que nunca encuentre nadie y, sobre todo, DEL SILENCIO. Ah, cómo adoro el silencio en los viajes...!

Manuel dijo...

En el fondo todo se funde en una sola cosa y un río la cruza...
¿Carne o pescado? ¿Espíritu o materia? ¿Ser o no ser?
Los monjes resolvieron los dilemas existenciales con una buena y pecaminosa comilona.
No sé, no sé...