domingo, 23 de noviembre de 2008

Los libros arden mal, Doña Cristina Almeida.

El pasado jueves, por la noche, me enteré de la noticia del acto organizado por algunos artistas, intelectuales (y otras especies que prefiero no calificar) de la izquierda en apoyo al juez Garzón. (He evitado voluntariamente realizar comentario alguno sobre el "jardín" en el que se había metido el polémico juez, tal vez porque en el fondo es una figura que presenta más aspectos positivos -caso Pinochet, proceso a la cúpula de Batasuna, cierre del diario Egin, caso Gal- que negativos -básicamente su carácter tan voluntariamente mediático así como su participación política tan lamentable, en 1992-). Por otra parte, quiero que vaya por delante mi respeto a la libertad de expresión y, en particular, a que una plataforma de izquierdas exprese su posición con respecto a los anhelos de procesar penalmente al franquismo (cosa que no termino de ver nada clara).

Lo cierto es que pude ver los comentarios que soltó Cristina Almeida por esa boquita que Dios le dio. A propósito de la sensación que le provocaban los volúmenes de las obras de César Vidal, Pío Moa y algún otro historiador o intelectual de la derecha (sic) en la sección de libros de El Corte Inglés (sic, no es publicidad). Dijo, Almeida, que le entraban unas irresistibles ganas de quemar todos esos libros (sic). Así, sin más, con ese gracejo natural tan simplón y populachero que le ha caracterizado a lo largo de su vida pública.

La verdad y, pese a lo repugnante del comentario, me ha dado mucha pena Cristina Almeida. Siguiendo el esquema del Amarcord felliniano, la recuerdo en los ¿debates? que orquestaba Jesús Hermida hace unos quince años (no recuerdo la cadena de TV). Allí, competía con Celia Villalobos en simplezas, obviedades y comentarios populistas (en el fondo ambas eran, para mí, dos caras de la misma moneda). Lo que sí he de manifestar a su favor es que, ambas, han sostenido posteriormente comportamientos políticamente valientes, desde sus respectivas formaciones políticas: baste el ejemplo de Villalobos defendiendo el matrimonio homosexual, lo que le ha provocado serios disgustos en su partido, así como el de Almeida, que supo retirarse al tiempo de la vorágine arribista de la política,...

Y es que, volviendo al origen de la entrada, no se puede jugar con ciertas expresiones graciosas, ocurrentes sólo para dar carnaza a la feligresía conmilitona. Lo de quemar libros es uno de los actos históricamente más explícitos de los totalitarismos. Hermann Tertsch lo recordaba en su Diario de la Noche, tal vez abusando del uso de imágenes de los camisas pardas nazis (año 1933). Yo no me habría ido tan lejos, geográficamente hablando, en el ejemplo de las quemas de libros. Me explico: en 1936, al comienzo de la rebelión militar que dio origen al estallido definitivo de la Guerra Civil Española, los militantes de la Falange protagonizaron actos de este tipo en diversos lugares. La fenomenal novela de Manuel Rivas, Os libros arden mal, desarrolla, entre otros temas y hechos históricos, éstos referidos a la quema de libros por los falangistas en el puerto de La Coruña. Y lo ilustra con mucha precisión.


Es una pena que Tertsch, en vez de excederse con Almeida comparándola con las camisas pardas (creo, inisto, que "se paso" un poco, a pesar de la burrada de Almeida), no hubiese rescatado las imágenes de los falangistas. De cualquier manera sería muy de agradecer que Almeida se dejara de gracejos peligrosos y se aplicara el clásico en boca cerrada no entran moscas.


6 comentarios:

Rubín de Cendoya dijo...

Muy buen comentario. Muy equilibrado comos suele ser tu costumbre Rogelio.

Creo que estos señores firmantes, entre los que se encontraba también O Rivas, debieran firmar otro comunicado contextualizando las declaraciones de Dª Cristina y las realizadas por Paco Ibañez que no le fueron a la zaga.

Respeto también la libertad de manifiestos, pero lo que no le encuentro es la necesidad de salir en defensa del Juez Garzón cuando es él sólo quien se ataca, diciendo ahora una cosa y luego la contraria.

Saludos

Eladio Osorio Montenegro dijo...

Un pequeño apunte:
Pío Moa puede ser todo lo que tu quieras, excepto un historiador.

Un historiador es aquel que nos intenta contar la Historia.

Pío Moa (no se si tienes leído algo de su cosecha, yo por desgracia sí) es un contador de historietas y un tergiversador de la Historia.

Eladio Osorio Montenegro dijo...

Sobre el tema de Garzón no voy a entrar en el fondo de la cuestión, sólo decir que mientras algunos asesinos reposan en El Valle de los Caídos con todo lujo y pompa, algunos abuelos de amigos míos están enterrados en cunetas, en fosas comunes o no se sabe si están enterrados.
Algunos tienen derecho a ir llorar al lado de la Basílica a sus muertos, mientras tanto otros no tienen derecho a saber donde están sus familiares ni a mover una palada de tierra en alguna cuneta.
Que todo sea por no abrir heridas en esta España nuestra, como dicen algunos (casualmente siempre del bando ganador y de los que saben donde ir a poner unas flores a sus familiares)

Jorge L dijo...

(...) En aquel momento, Clarisse McClellan dijo:
-¿No le importa que le haga preguntas? ¿Cuánto tiempo lleva trabajando de bombero?
-Desde que tenía veinte años, ahora hace ya diez años.
-¿Lee alguna vez alguno de los libros que quema?
Él se echó a reir.
-¡Está prohibido por la ley'
_¡Oh! Claro...
- Es un buen trabajo. El lunes quema a Millay, el miércoles a Whitman, el viernes a Faulkner, conviértelos en ceniza y, luego, quema las cenizas. Este es nuestro lema oficial.
Siguieron caminando y la muchacha preguntó:
-¿Es verdad que, hace mucho tiempo, los bomberos apagaban incendios, en vez de provocarlos?
-No. Las casas han sido siempre a prueba de incendios. Puedes creerme. Te lo digo yo.
-¡Es extraño! Una vez, oí decir que hace muchísimo tiempo las casas se quemaban por accidente y hacían falta bomberos para apagar las llamas.
Montag se echó a reír.
(Farenheit 451 /Ray Bradbury)


A veces nos confundimos o nos engañan hay muchos que provocan incendios en vez de apagarlos.

Un abrazo
Jorge
PD: Rogelio amigo excelente el blog

ALTAZOR TEMBLOR DE CIELO dijo...

Supongo que Jorge L no hay más que uno. Me ha encantado el fragmento que has seleccionado para tu comentario, sí señor.
Encarna

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Gracias a todos por los comentarios.

1. Rubín. Lo del equilibrio creo que es una "actitud vital". Demasiado sujeto intolerante, especialmente por estos temas que se prestan tanto a la demagogia.

(Qué pena también lo de Paco Ibáñez. Creo que se le "paró el reloj" hace muchos años. Sin embargo no puedo dejar de recordarle en el maravilloso concierto en el Olympia...)

Lo de Garzón, si te parece lo trataremos en otra entrada (cuánto me agota este tema, de veras).

2. Eladio. Conozco "Los mitos de la Guerra Civil" de Moa. También he leído algún artículo suyo en Libertad Digital (rara vez, ya que casi nunca entro en esa diario digital). La verdad es que yo alucino con la credibilidad que le da algún hispanista de referencia como Stanley G. Payne. No lo puedo entender dado el nivel de maniqueísmo y simplicidad que he comprobado siempre en ese individuo (hablo de Moa, obviamente). Se dedica a dar carnaza barata a los de su secta, al menos en mi opinión. Él tiene su público que necesita esta carnaza cutre (insisto en mi sorpresa porque Payne le otorgue credibilidad en algunso datos hostóricos...)

Lo del derecho de los familiares de las víctimas del franquismo o del bando republicano en la Guerra Civil, es algo completamente reconocido por nuestro Parlamemento. Así de claro y firme. De hecho, hace más de diez años que se comenzaron a celebrar demandas y a aplicar sentencias que restablecían los bienes incautados (robados, si quieres) por la dictadura a los herederos y dueños legítimos. Es un proceso largo y lento pero al que el Estado debe apoyar con medios materiales, sin duda. Y esto es un tema bastante diferente de una instrucción penal contra la dictadura franquista...
...Como le decía a mi amigo Rubín dedicaré - si no me agoto antes- una próxima entrada al "caso Garzón".

3. Don Jorge. Qué alegría verte por aquí. Gracias por tu elogio (inmerecido).
Como dice mi querida Altazor tu selección del fragmento de Farenheit 451 no puede ser más acertado. Sencillamente maravilloso.

4. Altazor. Aunque no te lo creas, este país y estos temas me agotan. De verdad. Un beso.