jueves, 25 de diciembre de 2008

Como Beckett...



Como Beckett era el ser más generoso que conocí, le regaló a una pequeña universidad tejana sus archivos con los manuscritos de sus obras. Así premiaba discretamente a un grupo de profesores que estudiaban su obra con fervor. La Universidad estudió parcialmente el valor de la donación. Según los expertos ingleses, lo cifraron en 70 millones de libras esterlinas, un billoncito y medio de pesetas, como una misericordia que se palpa.

Como a Beckett le gustaba el azar celebrando la ceremonia de la confusión, se dio cita sin saberlo con Cela y Aleixandre en Madrid y en las Salesas para defender al más modesto de los dramaturgos melillenses; a un servidor, que por aquellos tiempos remotos lo querían enchironar (*).

Como Beckett era tan desprendido, repartió los millones del Nobel entre amigos en apuros. Sin que su mano izquierda supisese lo que daba la derecha, una parte de sus derechos de autor siguieron el mismo discretísimo camino de aromas profundos.

Como Beckett dominaba el arte de los silencios solamente respondió en su vida a la pregunta de un periodista.
- Director de Liberation: ¿Por qué escribe usted?
- Beckett: Es “pa” lo único que sirvo.

Como Beckett ya se ha ido con Godott, ¿qué voy a hacer yo aquí, solo, en este valle, con este rebullir de tantas rememoraciones?

Fernando Arrabal escribía este breviario beckettiano poco después de la muerte Samuel Beckett en 1990. La revista literaria El Urogallo (yo era un incondicional de esta publicación, por aquel entonces) le dedicó un homeaje al escritor irlandés.

Más allá de calificativos fáciles, de tópicos manidos sobre su obra, Samuel Beckett es un autor sobre el que el público general ha concentrado su atención en un grupo reducido de su extensa producción, novelística, teatral: Esperando a Godott, Fin de partie, Los días felices, Molloy, Malone Muere, El Innombrable… En cualquier caso, es un autor imprescindible para entender la literatura occidental del pasado siglo y su evolución posterior, no sólo anglosajona o francesa (su lengua de adopción, finalmente). Decía Milan Kundera, a propósito de las corrientes filosóficas del siglo XX estructuradas en torno al llamado existencialismo, que la literatura ya anticipaba las reflexiones, las inquitudes sobre el hombre contemporáneo, mucho antes, a través de la obra de Robert Musil o Franz Kafka, por ejemplo… (en mi modesta opinión, el universo kafkiano permite entender estas cuestiones que, después serían tratadas por los Sartre, Jaspers, ... sin olvidar a Unamuno, aunque éste sí tiene una producción literaria extensa, más allá de sus ensayos).

(*) Es conocida la profunda amistad y admiración mutua entre Beckett y Fernando Arrabal. La referencia de este párrafo hace mención a la carta que dirigió Beckett (firmada, también, por otros escritores internacionales) al general Franco para pedir la excarcelación del dramaturgo melillense (¡qué deliciosamente humilde resulta en ocasiones el gran Fernando Arrabal!).


P.D.: ¿Te suena el escenario que utiliza Arrabal en este foto, Altazor?

2 comentarios:

ALTAZOR TEMBLOR DE CIELO dijo...

JAJAJAJA, claro que me suena, aús estuve ayer viendo las fotos que nos hicimos tú y yo en el mismo escenario. mis alumnos casi se tragan que tú eras de la generación del 27. Bicos

sonsoñento dijo...

Roge!Haber si nos vemos por el Castro algún día de estos. Bueno, te deseo que te infles a turrón, que no te atragantes con las uvas a final de año, y si te portaste más o menos bien que los tres reyes magos Melchor, Gaspar y Baltasar te traigan un montonazo de regalos que desees. Pero una cosa sí le tienes que dejar algo para que se alimenten y lleguen a mi casa con la hambre algo calmada para que no me desaparezca el interior de la nevera. Bueno no me enrollo, feliz Navidad.