sábado, 27 de diciembre de 2008

Con las manos desnudas contra el Tercer Reich.

En Ulm nació una gran flor de la interioridad alemana. Hans y Sophie Scholl, los dos hermanos detenidos, condenados a muerte y ejecutados en 1943 por su activa lucha contra el régimen hitleriano, era de Ulm y hoy una escuela superior lleva su nombre. Su historia es el ejemplo de la resistencia absoluta que Ethos opone a Kratos; supieron revelarse a algo que a casi todos les parecía una obvia e inevitable aceptación de la infamia. Como ha escrito Golo Mann, combatían con las manos desnudas contra la impresionante potencia del Tercer Reich, afrontaban el aparato político y el militar, provistos únicamente de su ciclostil, con el que difundían proclamas contra Hitler. Eran jóvenes y no querían morir y les disgustaba alejarse del encanto de los días hermosos, como dijo tranquila Sophie el día de la ejecución, pero sabían que la vida no es el valor supremo y que resulta agradable y placentera cuando se pone al servicio de algo que es más que ella y que la ilumina y calienta como un sol. Por eso marcharon serenos al encuentro con la muerte, sin miedo, sabiendo perfectamente que, en palabras de San Juan, el príncipe de este mundo es juzgado.

Con las manos desnudas contra el Tercer Reich, contenido en El Danubio de Claudio Magris (Anagrama, 1988).

Pocas obras me impresionaron tanto en mi juventud como este excepcional recorrido por la Historia cultural de Europa. De la mano de este germanista italiano, el lector recorre un viaje inclasificable alrededor del tiempo y del espacio también. Céline en el castillo de Sigmaringen, Heidegger en Meekrich, Kafka en Kinling y muchos otros personajes de la cultura europea son convocados a estas páginas en este, repito, inolvidable viaje al fondo de la cultura europea, más concretamente centroeuropea (Mitteleuropa). Un viaje que reconstruye, como en un mosaico, a través de los lugares que el lector visita de la prodigiosa escritura de Magris, la idea de Europa Central (Mitteleuropa) como civilización.

(Unas pintadas en la parte vieja donostiarra a favor de los pistoleros de ETA y su infame tiranía, entre la indiferencia de los que degustábamos los pintxos, los zuritos, me recordaron algunos de los pasajes de este libro, en especial el que reproducía arriba… no sé por qué).

7 comentarios:

Lolo de Untes dijo...

que pena que hoy día no sean recordades personas que anhelan la paz y trabajan por ella, verdad? estoy seguro que a tí te agradaría la idea de que el caso que citas del libro fuese más común, a mi también...
me alegró mucho tu comentario, y como no que conozcas Untes, cando queiras estas convidado a tomarlle unhas anguías por aqui! jaja

un abrazo

Rubín de Cendoya dijo...

Rogelio, un buen post y el taerlo por ese motivo muy acertado.

En cierto sentido también estamos con las manos desnudas frente a los totalitarios. Y no sólo con las manos desnudas; en muchas ocasiones con la incomprensión de quienes debieran, desde los gobiernos, encabezar nuestra lucha.

He leído ese libro, creo que en 2004, después de que le otorgaran el Príncipe de Asturias, la edición que tengo es de ese año.

Me encantó y tengo pendiente un viaje en barco por el Danubio con el libro en la mochila.

Coincido también en que la idea del centro o el "cogollo" de Europa está estupendamente expuesta, lo malo es que ahora no soplan ya esos vientos que expandieron dicha idea hasta los extrarradios.

Saludos amigo Rogelio

sonsoñento dijo...

Sabes que? ayer me abrí la cabeza y me tuvieron que poner 9 puntos, accidentes.







bueno chao inocente.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Espero que sea una inocentada...

(Te veo el miércoles en el Castro)

Monsieur de Sans-Foy dijo...

Traudl Junge, la secretaria de Hitler, cuenta en el prólogo de sus impresionantes memorias que, mucho después de la guerra, cuando empezó a ser consciente de lo que había vivido, se autojustificaba diciendo "qué podía hacer yo, una chica de veinte años".
Y así pensó durante mucho tiempo, hasta que un día pasó por delante de una placa en honor de Hans y Sophia Scholl... y se dió cuenta de que también ellos tenían esa edad cuando murieron.
Eso acabó con la excusa con la que se había autoprotegido durante toda su vida.

Un afectuoso saludo desde la tierra de la cobardía.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios.

1. Lolo, en efecto debería ser un caso más común. El compromiso ético es materia reservada a unos pocos.

2. Rubín. Qué alegría coincidir de nuevo contigo en gustos literarios. El Danubio, es una gran obra, sin duda, y Magris un excepcional germanista.

3. Sonsoñento. Non caín de inocente...

4. Monsieur. Desconocía ese diario. En cualquier caso das en el clavo con la expresión "la excusa con la que se había autoprotegido durante toda su vida".
Por último Euskadi o País Vasco puede ser la "tierra de la cobardía" en algunos casos, aunque no seré yo quien lo diga (desde Madrid es todo muy fácil). Me quedo, en cualquier caso, con una frase que dijo una vez un periodista -creo que en la SER, con Gabilondo-: del País Vasco nos llegan las peores noticias (ETA, su entorno,...) pero también las mejores (la valiente respuesta cívica que algunos abanderáis).

Nightcrawler dijo...

Apreciable post, sin duda.

Creo que la historia de Sophie Scholl fue llevada recientemente al cine en su país. De hecho, la película fue escogida para representar a Alemania en los Óscar, no recuerdo si llegó a ser nominada.

La excusa de "no me opongo a esto porque total, no puedo hacer nada" es sólo mantenible mientras el totalitarismo no vaya a por nosotros. Por eso es también una excusa que demuestra lo difícil que es mantener ciertos valores éticos cuando no somos los amenazados por su violación. Me recuerda el célebre poema de Niemoyer.

Saludos.