miércoles, 10 de diciembre de 2008

El negocio de los divos

A propósito de Gerard Mortier y su próxima llegada a la dirección artística del Real, recuperaba hace unos días un fenomenal artículo de Javier Pérez Senz, publicado en un número de Archipiélago (solía comprar esta revista hace unos diez años…)

El negocio de los divos.

Los divos son una verdadera plaga bíblica que la ópera soporta prácticamente desde su nacimiento. En la época barroca los castrados (castrati) sentaron las bases del divismo dictando sus caprichos a compositores y empresarios. En le apogeo del bel canto, las sopranos ocuparon el trono hasta que los tenores, esgrimiendo su poderoso do de pecho, acabaron sumándose a la fiesta. Los divos, auténticos dinosaurios de un género musical que mal enfocado roza la arqueología, resisten el paso del tiempo con una salud a prueba de bomba y, sin aparente peligro de extinción, siguen siendo los incombustibles reyes del negocio lírico.

La música es un arte inmaterial que las estrellas de la ópera han convertido en un próspero negocio. En el escenario suelen encarnar a poetas e indigentes o humildes modistillas que mueren de tuberculosis. Pero al caer el telón, vestidos de pobres de solemnidad, esperan pacientemente la visita del gerente del teatro que, en el entreacto y cumpliendo una histórica misión, salda sus opulentos honorarios. Los tiempos cambian pero el rito continúa…

…Las guerras contra las exigencias económicas de los divos abierta por Gerard Mortier, director del Festival de Salzburgo, sólo se ganará cunado una nueva generación de espectadores llene los teatros exigiendo propuestas artísticas estimulantes. Un público joven y abierto, dispuesto a conmoverse con las grandes obras de Mozart, Verdi y Wagner, sin renunciar a las geniales obras de Debussy, Berg, Janacek, Britten, Henze o Ligeti.

(Artículo publicado en Archipiélago, número especial “La Música, ese lenguaje que danza”. Primavera de 1998).

Pues bien, al final, la doctrina Mortier es la que ha marcado la pauta en buena parte de los festivales, teatros de ópera etc. de todo el mundo. El público “joven y abierto” nos hemos formado durante estos últimos años en distintos festivales de Música Antigua (éste sí que es un repertorio totalmente alejado del divismo belcantista), salas de conciertos con programaciones audaces (incluyo los ciclos de la ONE de los últimos años) y Contemporánea (los conciertos del CDMC en al Reina Sofía en Madrid están casi siempre a rebosar, de un público joven y entusiasta). Qué satisfacción recordar este artículo con la perspectiva del tiempo...

3 comentarios:

Manuel dijo...

Me has recordado una cita de Groucho Marx, una especie de minibiografía: "Partiendo de la pobreza hemos ascendido hasta alcanzar las más altas cotas de la miseria".
En cualquier caso, me quedo con los divos atormentados como el diabólico Paganini.
Gracias por esta reflexión tan artística.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Un placer volverte a ver en ésta tu casa, Manuel.

Un fuerte abrazo.

manly dijo...

Los divos en la ópera son algo así como los futbolistas con contratos blindados para el deporte, o como los altos directivos para el mundo de las finanzas, es decir, amén de a lo que se dediquen son personas todas de carne y hueso que han adquirido su "caché" por su gran valía y que quien los contratan sabe que obtendrá grandes recaudaciones. Oferta y demanda por un lado y por otro reconocer que no es lo mismo escuchar una ópera por un cantante que por otro.
Saludos.