lunes, 1 de diciembre de 2008

Gérard Mortier

Escribía, hace unos días, sobre la noticia del nombramiento de Gérard Mortier como próximo director artístico del Teatro Real. Tal vez a muchos no les suene este nombre. No es muy habitual conocer directores artísticos en los teatros de ópera. Los más famosos son siempre los directores musicales. Los directores artísticos carecen, digámoslo así, de la proyección mediática propia de los directores musicales. El director musical es, en la ópera, el elemento presente, obviamente por la proyección musical o la esencia musical del género. Pero un buen director artístico es determinante en la selección del repertorio, en su programación, en la selección del director o directores musicales…

Me enteré de la existencia de Gerard Mortier hace unos cuantos años, al leer una entrevista que le dedicó la revista musical Scherzo, a propósito de una edición del festival de Salzburgo, en 1993. Dice el periódico El País en su edición del viernes que con Mortier en el teatro se abre una etapa apasionante. Su trabajo en el Festival de Salzburgo en la década de los noventa le reveló como un auténtico intelectual, agitador de conciencias y creador ambicioso. Él ha colocado la música y el arte escénico en el siglo XXI como algo vivo y vigente. Su trayectoria posterior en la Ópera de París también ha estado labrada de éxitos. Y de polémica. Nunca rehúye la agitación y el debate. No deja a nadie indiferente...

Una de las cosas, para terminar, que le agradeceré siempre a Mortier es el haber puesto en Salzburgo buena parte de los fundamentos renovadores y recuperadores de la Ópera Barroca: Cavalli o Monteverdi, por ejemplo. Pero es el siglo XX y sus autores más representativos los que Mortier ha cuidado con especial mimo en sus programaciones (sigo hablando de Salzburgo): Berg, Reich, Messiaen,.. han tenido un renacimiento fonográfico de la mano de este director.

Más allá de anécdotas como la que protagonizó hace unos años cuando confeso preferir a Lou Reed frente a Pavarotti (sic) o su enfrentamientos con instituciones como la Filarmónica de Viena en Salzburgo, y con directores un tanto divos como Riccardo Muti, Nikolaus Harnoncourt (éste no es nada divo, y sí uno de los padres del movimiento de recuperación de la Música Antigua, desde los años sesenta del pasado siglo), el impulso que ha proporcionado Mortier en la forma de entender este espectáculo total llamado Ópera ha sido radical: por su innovación, por su sentido crítico y por su colosal conocimiento de la estructura estética que subyace bajo cada obra.

Por otra parte la asociación con escenógrafos capaces de poner “patas arriba” los convencionalismos imperantes en los teatros de ópera (me estoy refiriendo muy especialmente a Wernicke) ha sido clave en la materialización estética y crítica de sus planteamientos.

Por cierto, es natural de Gante (maravillosa ciudad flamenca) igual que otras figuras musicales que admiro desde hace muchos años: más concretamente del mundo musical antiguo, como el exquisito director Phillippe Herreweghe, al que dedicaré otra entrada en otro momento.

1 comentario:

El sofista dijo...

Pues yo me quedo con el "divismo" de Muti y no con este belga iluminado que sólo sabe poner a las prima donnas en sostén...