jueves, 22 de enero de 2009

Antonio Escohotado habla sobre Liberalismo

Me regalaron en Navidad “Los enemigos del comercio”, obra de este singular pensador que es Antonio Escohotado. Que ilusión, toda la provocación de su pensamiento para defender (de una manera propia, original) los fundamentos del Liberalismo. Qué ilusión.

Este es el extracto de una entrevista publica su página web:

Liberalismo doctrinario

Refractario por naturaleza y hábito hacia los maniqueísmos y las simplificaciones tentadoras, el talante de Escohotado queda lejos de ese liberalismo esquemático tan difundido hoy.

-¿Estás al corriente del debate político en la Red?

-No mucho, pero conozco a algún liberal, digamos, doctrinario. A mí me preocupa ese doctrinarismo, los "misianos", como yo los llamo, que, por ejemplo, están dispuestos a acabar con el crédito.

-Se está vendiendo un liberalismo que tiene un componente conservador y un componente confesional muy fuertes, ¿no? Y muy doctrinario. Hay gente para la que el patrón oro es una cuestión moral.

-Desde luego, desde luego. El liberalismo viene de lo contrario de la doctrina. Aparte, el más grande antidoctrinario de todos los tiempos, como todo el mundo sabe, porque es el más antidogmático, es Hume, hasta el punto de que cuando Adam Smith le envía su obra, le comenta: "Qué maravilla, Adam, qué maravilla de trabajo... Pero el capítulo de la renta es muy doctrinario, ¿verdad?" Porque, claro, cualquier tipo de a priori, a Hume le ponía de los nervios.

-Pero, ¿se podría decir que ya la metodología de la escuela austríaca contiene el germen de ese doctrinarismo, en la medida en que son aprioristas?

Antonio da un respingo.

-Hay un punto en que sí y un punto en que no. Ahí tendríamos que hablar bien claro. Precisemos: el genio, el origen, es Carl Menger. Luego Menger se diversifica en un ala muy interesante, pero directamente ligada a la crítica del marxismo, que es Böhm-Bawerk y Wieser; una corriente central de grandísimo poderío, que es Schumpeter, que abarca todo; y un ala muy estudiosa, y al mismo tiempo tocada por el germen conservador, que es Mises y Hayek. A Mises lo veo doctrinario, apriorista, pero no tramposo. Intenta construir una economía geométrico modo que me pone de los nervios. Aunque me gusta mucho La acción humana; creo que todo el mundo debería leérselo, es un monumento.

-¿Como El capital?

-No, no, mucho mejor que El capital, que además está interrumpido arbitrariamente. Y está mucho mejor escrito. Marx son casi todo adjetivos, Mises son casi todo verbos. Pero es doctrinario, es apriorista, es dogmático; y, sobre todo, es conservador, es un libro escrito contra los comunistas. Es una economía contra los comunistas. Esto ya lo había hecho Böhm-Bawerk , pero él tuvo el buen juicio de ir demoliendo El capital párrafo por párrafo: "Esto es mentira, esto está mal multiplicado, esto está mal dividido..."

Se detiene un momento antes de proseguir.

-En cambio, Hayek es un mundo propio. Un hombre con una vocación de estudio admirable, solo comparable a la de Schumpeter. En ese sentido le da una lección, para empezar, a su maestro. Porque Max Weber, a quien todo el mundo reconocía como la mente más poderosa y el hombre más culto de su tiempo, no se avenía a referenciar sus libros. Tú te lees la obra de Weber y, de vez en cuando, a lo mejor una vez cada veintisiete páginas, tiene la cortesía de dar una referencia: "esto lo escribió tal o cual". ¿Pero dónde? ¿En qué página? Sin embargo, llegan estos dos, que son discípulos suyos, que han ido a sus seminarios, y dicen: "Muy bien, Sr. Weber, vamos a seguir completamente su línea, su línea es la buena, usted estudia a la vez el derecho, la economía, las manifestaciones culturales, la religión... Pero usted simplemente quiere absorberlo todo como una esponja. Párese, por favor. Referencie su trabajo". Y vienen las obras de Schumpeter y Hayek, que son modelos asombrosos de cómo se puede llevar a cabo una investigación exhaustiva sobre una materia. Entonces aparece lo que podríamos llamar el liberalismo maduro, con unos investigadores que toman esa, digamos, ingenua visión de que la libertad es la única manera de relacionarse con los demás, y la aplican en forma de amor a las cosas, predilección por lo concreto, por lo objetivo. Los latinos lo llamaban "amor rei". Sería estupendo que esto lo tuvieran también los políticos, ¿verdad?

Sonríe.

-Esta es la etapa del liberalismo actual, yo creo. Quiero decir, los tiempos van despacio, Hayek murió hace poco más de diez años.


Gracias, Antonio, por saber provocarnos tan bien... (Esto lo digo yo, J. Rogelio Rodríguez).

4 comentarios:

Manuel dijo...

Creo que la próxima revolución será la del corazón o no seremos...
Saludos.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

... No te falta razón, Manuel. Mientras tanto yo prefiero seguir con estas provocaciones inteligentes. Me ayudan a pensar.

Un abrazo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

...otros lo llamamos el chateo (de chato de vino) de los sábados...Tantos años de sabiduría, desde Adam Smith, Ricardo, ...siiii Marx, Shumpeter...y los banqueros a su bola, prestándose dinero de forma leonina, y los listillos especulando con duplex y triplex.
El enemigo está en nuestro interior (claro que esto podría haberlo dicho Mao).

janys dijo...

Hola Rogelio; voy a ser sincera contigo, como que las corrientes del pensamiento no se me han dado nunca; la verdad me cuesta trabajo interpretarlas y entenderlas. Bueno, quiero aprovechar para agradecer el hecho de que sigas mi blog, espero ya no defraudarte en las próximas entradas que redactes. Te envío un beso y un abrazo muy fuerte desde la tierra de miles de panzas verdes: León, Guanajuato, México.