lunes, 5 de enero de 2009

El niño tonto

- Esta fotografía pertenece a Alanís (Sevilla), editada en el libro Patio Interior, de Leopoldo Fernando Espínola. Su blog, muy interesante, lo podéis encontrar aquí-

Siempre que volvíamos por la calle de San José, estaba el niño tonto a la puerta de su casa., sentado en su sillita, mirando el pasar de los otros. Era uno de esos pobres niños a los que no les llega nunca el don de la palabra ni el regalo de la gracia; niño alegre él y triste de ver; todo para su madre y nada para los demás.

Un día cuando pasó por la calle blanca aquel mal viento negro, no vi ya al niño en su puerta. Cantaba un pájaro en el solitario umbral, y yo me acordé de Curros (1), padre más que poeta, que cuando se quedó sin su niño, le preguntaba por él a la mariposa gallega:

Volvoreta d´ailñas douradas…

Ahora que viene la primavera, pienso en el niño tonto, que desde la calle de San José se fue al cielo. Estará sentado en su sillita, al lado de las rocas únicas, viendo con sus ojos, abiertos otra vez, el dorado pasar de los gloriosos.

Juan Ramón Jiménez – Platero y yo (El niño tonto).

(1) Juan Ramón se refiere al poeta gallego Manuel Curros Enríquez con el que tuvo relación y del que toma influencias simbólicas en su obra.

Siempre me gustó este pasaje. Siempre vuelvo a algunos de los que componen esta obra bellísima, Platero y yo. Siempre se me queda la misma cara, entre triste y bobalicona, cuando leo El niño tonto. Casi siempre lo releo la víspera de Reyes…

Algunos poetas como José Ángel Valente mostraban su enfado por el desconocimiento general que existe, en el gran público, sobre la obra de Juan Ramón. Y es verdad que, con excepción de la maravillosa Platero y yo y alguna antología general, el desconocimiento su obra es algo patente, repito, para el gran público. Su etapa simbolista y modernista imprime a sus versos una musicalidad arrebatadora (Elegías, Jardines lejanos). El descubrimiento posterior de la poesía de Yeats, Shelley y William Blake (posiblemente me olvide de algún otro poeta anglosajón) marca un nuevo rumbo en su obra (Diario de un poeta recién casado, Primera antología poética, Eternidades, Piedra y cielo,…son un claro exponente de esta inflexión). Durante su exilio americano su poesía, su pensamiento en general, se va haciendo más místico, más complejo: su búsqueda de lo trascendente, su estilo pleno en neologismos.

Hoy, víspera de Reyes, como decía antes, sigo releyendo El niño tonto y otros fragmentos de Platero

7 comentarios:

Leo dijo...

Interesante tu pequeño relato, y hermoso a la vez. Buen blog en contenidos, amigo Rogelio. Seguiré leyendo a ratos, cada vez que pueda.
La foto es ya tuya también, pero me gustaría que en su base pusieras que esa calle pertenece a mi pueblo natal Alanís (Sevilla) y que está editada en mi libro Patio Interior.
Nada más y feliz 2009 también para ti y tus lectores.

janys dijo...

Hola Rogelio; qué interesante saber que cada vez que llega el día de reyes tienes la costumbre de leer este pasaje: "el niño tonto"; fíjate que a pesar de llevar varios años en la lectura, no me he dado la oportunidad de ver "Platero y yo"; había un fragmento del texto en un libro de español lecturas que tuve en mis manos por allá en mis años mozos de educación primaria pero desafortunadamente no recuerdo el grado y esos libros ya fueron reformados. Prometo buscar el libro y leerlo. Sabes, cuando es víspera del día de reyes, voy a los tianguis (mercados sobre ruedas) a mirar los puestos con juguetes y a los padres de familia que con algarabía llegan a comprar los obsequios para sus hijos. Besos y gracias por tu comentario.

lola dijo...

Sí, también había entrado en tu blog, pero en silencio. Es estupendo, he encontrado mucha información interesante. Seguiré viniendo a leerte.
Por cierto, Feliz Año
Saludos

José Antonio dijo...

FELIZ AÑO 2009

Salud
Diñeiro

O resto son puñetas...

Fidelio en el bosque animado dijo...

Pues la Antolojía poética que publica Cátedra hace ya unos veinte años no tiene desperdicio para los juanramonistas...con tutto rispeto per Platero

Iojanan dijo...

Visito la página para ver quien vive detrás y me resulta... preciosa, osa, osa... con eco.
No he podido resistirme a comentarlo, el cuento del niño tonto se me ha antojado como el del Niño Raúl, que se dedicó durante toda su vida a medirse el tamaño de las orejas pensando que una era más grande que la otra.
Celebro que la dialéctica, que aquí sobraría, me haya traído hasta aquí.
Un saludo cordial.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Mil gracias, Iojanan, por tu mensaje.
Un cordial saludo y seguimos en contacto.