viernes, 2 de enero de 2009

La oscuridad de Shostakovich


En septiembre de 1991 la revista Scherzo publicó este extraordinario artículo de José Ramón Ripoll que reproduzco, parcialmente, a continuación:


Hay en el arte de nuestro siglo tantas tendencias como articulaciones se forman en la memoria. Cada hombre es un mundo, más que en ninguna época, a pesar de modas, publicidades y concentraciones de poder. Mas, por encima de ismos y experiencias, estéticas, creencias, filosofías y doctrinas. Dos corrientes se adivinan, planeando como ángeles enfrentados -¿o quizás un mismo ángel con alas distintas?-, sobre la expresión de la humanidad. Una surge del día, de la claridad, del sol, y en la luz se confirma como si fuera un cristal poliédrico, tamizando la nada en colores y e imágenes puras y brillantes; la otra se crece en lo oscuro y en la noche avanza, se dilata y recobra su misión de existir entre las sombras, y en la niebla se explica. La una no es mejor que la otra. Distintas aparentemente, configuran la paradoja de una modernidad que ya, por antigua, es tradición. Si en poesía Baudelaire y Verlaine, Hopkins y Yeats, Vallejo y Darío, que no es otra cosa que el mismo ruido de esas palabras yuxtapuestas, Stravinski y Bartók, Prokofiev y Shostakovich.
Este año (el autor se refiere a 1991) hemos tenido la ocasión, los españoles, de escuchar la integral de los cuartetos de cuerda de Shostakovich . El cuarteto Borodin, file al estilo del autor – el viola, Dimitri Shebalin es hijo de quien fuera uno de sus mejores amigos- brindó una oportunidad para la reflexión y quizás para solventar una serie de errores que en torno al Shostakovich desperdigado constituyeran un categórico juicio sobre su obra. El cuarteto Borodin entendió bien la oscuridad del compositor soviético; no sólo mostró esa oscuridad como escenario, sino que la usó como motivo.
Pozos negros, sin fondo, vacíos, cada uno de sus cuartetos. Una llamada al fuego interno, al hombre que brota en su propia noche y es esa noche su destino y salvación…
…Recuerdo un desdén por parte del mundo musical español , al principio de los setenta, hacia la obra de Shostakivich. La vanguardia no podía tolerar que alguien se sometiera a los cánones soviéticos del arte, paradigma del realismo socialista, para crear una obra acorde con su tiempo.

José Ramón Ripoll – Artículo publicado en Scherzo, en septiembre de 1991.

Pude asistir a la integral de los cuartetos de cuerda del gran compositor ruso, por el maravilloso cuarteto Borodin, en 1991. Fue en el Auditorio Nacional de Música. Una de las experiencias artísticas más intensas que he vivido jamás.
Dimitri Shostakovich es uno de los compositores más importantes del pasado siglo y, en lo referente a la forma cuarteto uno de los más significativos de la historia de la música, en el particular recorrido estético que esta forma musical experimenta desde Haydn (este 2009 se conmemora el segundo centenario de su muerte) y Beethoven, pasando por Schubert y desembocando en Bartok y Shostakovich en el siglo XX.
Su obra camerística incluye también obras para piano solo (sus maravillosos 24 preludios y fugas, en clara interlocución con J.S. Bach y su Arte de la Fuga), y quintetos.
Resumir en cuatro líneas la importancia de la obra de Shostakovich es misión imposible, dada la variedad de formas musicales que trató. No obstante es necesario indicar que, a pesar de no estar adscrito a ninguna corriente contemporánea, heredera de la segunda escuela de Viena (Berg, Schönberg o Webern) como el serialismo, por poner un ejemplo, su lenguaje sí resulta plenamente contemporáneo, aunque engañosamente tradicional y cercano a los cánones del realismo socialistas (engañosamente, repito)…
Sus quince sinfonías (que no conozco en su integridad) son piezas habitualmente interpretadas dentro del repertorio habitual del las grandes orquestas sinfónicas (muy especialmente la número ocho o la número diez). Sus óperas son consideradas cumbre dentro de este género en la producción del pasado siglo (La Nariz o la maravillosa Lady Macbeth). Pero para mí, con diferencia, lo más extraordinario de su producción se concentra en su obra de cámara y muy en especial en sus quince cuartetos de cuerda… ¿Cuál recomendaría? No soy persona que deba recomendar ninguno en particular pero si tengo que citar los tres que más me emocionan diré, por este orden, el número quince, el número ocho y el número siete.

10 comentarios:

Manuel dijo...

Los viajes en el tiempo son teóricamente posibles. Sólo hay que construir un artefacto que supere la velocidad de la luz
(300.ooo km/s) y que no mate a sus ocupantes.
Posibles e improbables.
¡Feliz 2009!

janys dijo...

La música como toda ceración humana es hermosa; conocer la obra de un artista simepre nos lleva a mirar una gran parte de su escencia. Feliz año nuevo Rogelio, espero seguir contando con tus visitas y comentarios. Besos.

sonsoñento dijo...

http://dosimedio.blogspot.com/

janys dijo...

Así es Rogelio, las cosas hay que hacerlas en el momento para que luego no nos arrepintamos de lo no hecho. Un abrazo y un beso. PD Me fascina que me digas panza verde.

Mike dijo...

Hola!!! Gracias por visitar mi blog.

Feliz año para todos!. Me apunto a tus seguidores.

Un abrazo. Pasaré a menudo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Shostakovich!!! Circula por ahí una biografía en alemán (yo no he pasado dle ich bin) bastante buena, cuando vea el título completo te la "referenciare". Además, en Radio Clásica dieron hace unos días un programa que creo (no tengo tiempo de consultar la programación), responde a un ciclo, serie o algo parecido. No! ahora me acuerdo, fue un concierto de la orquesta nnal de Cataluña(¿?) y hablaba el director con Pérez de Arteaga sobre la décima de Shosta, además de alguna referencia, creo recordar a Lady Macbeth y las críticas que recibió. Perdona por la flaqueza de mi memoria pero hacía otras miles de cosas mientras lo escuchaba.
No envidia, sino admiración por la suerte que has tenido de escuchar la integral de los cuartetos de Shosta, aquí en el sur estamos en un pequeño gran desierto. Un abrazo!!

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Hola de nuevo, Fidelio.

Los cuartetos de Shostakovich los escuché en el 91. Fué una de las experiencias musicales más intensas que jamás he experimentado. Y servidos por el Borodin.

Fíjate las contradicciones de la vida que la única versión que tengo de la integral es del fenomenal cuarteto Fitzwilliams (publicado originalmenbte en la serie "Entreprise" de Decca). Aunque luego tengo versiones sueltas del Borodin y del Brodsky...

¿Pérez de Arteaga? Ahora le escucho muy poco pero durantre años fue uno de mis "maestros" de los que me enseñaron a apreciar las interpretaciones, los diferentes colores de las orquestas, las personalidades de sus intérpretes. Qué gran humanista es Arteaga (añadiría también a José Luis Téllez, Arturo Reverter y tantos otros de los históricos de Radio2)

Por último: ¿conociste el fenomenal "Conversación Galante" de José Carlos Cabello, también en Radio 2 -88/91-?

UN abrazo y gracias por tus comentarios.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Conversación galante, creo recordar, era uno de esos programas nocturnos como aquel Musica reservata (Tellez) que hacían las noches de estudiante verdaderamente gratificantes. Unos diez años más tarde había un programa Los colores de la noche donde de vez en cuando se colaba alguna pieza tipo Gabrielli que ya era el no va más. Ya me he acordado. No era el Mundo de la fonografía, sino los conciertos que dan los domingos por la mañana. Bueno, era la ONE y el director Josep Pons. Contaba una anécdota bastante bonita sobre la décima de Shosta. En cuando a las versiones de los cuartetos no puedo abundar en tus datos (aunque lo haré). Por último, vi a Mahler en tu perfil. Hay una biografía bonita, muy bonita escrita por Arteaga, además de los comentarios de Bruno Walter en Alianza Música.
Volviendo a los colores orquestales y siguiendo con Mahler, no se si conoces el documental que sacaron a propósito del año Mahler allá por el 99-00, donde Haitink explicaba precisamente el distinto carácter entre Concertgebow, Berlin y Viena. El documental te lo recomiento fervientemente!! Seguimos en contacto. PD.: una de las cosas que más me gustaba recordar de los programas de Radio2 eran sus sintonías.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Por supuesto que lo recuerdo Fidelio. Mahler para mí es una de mis patrias (junto con Musil, Kafka, Benjamin, toda la Música Antigua, Bruckner,...). En verano del 99 estuve en Amsterdam y, ¿sabes qué?, todavía conservo el programa dedicado a Mahler en el Contcergebow (uno de mis templos musicales favoritos...).

Podría escrbir unas mil entradas, y no exagero, hablando de este compositor: su concepción de la vida, del eros, del pathos,... su sentido místico del hombre. Es sencillamente fascinante (a pesar de que mi admirado Sergiu Celibidache le calificase como el "mayor ignorante de la Historia de la Música").

Me encanta el primer ciclo Mahler de Haitink, sin duda (me gustan mucho su cuarta y séptima). Pero en los últimos años he recompuesto mis sinfonías de Mahler con los ciclos de Boulez (excepcionales sexta, novena y séptima) y el maravilloso humanista que es Abbado (¡qué segunda, con la Orquesta de Lucerna y el Orfeón Donostiarra!). En fin, la música "ese lenguaje que danza".

Un fuerte abrazo y a ver cuándo inauguras tu blog.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Bueno! bueno! Gracias por los consejos sobre Mahler. En los próximos días comentaremos el Mahler de Boulez. Ya que estamos, olvidé preguntarte por la integral, la "clásica" dicen (yo no sé cómo calificarla porque no me atrevo) de Kubelik (ya tiene tiempo). Luego no puedo olvidar los lieder (también más adelante). ¿Sabes? con Mahler me ocurre como con el expresionismo alemán, Thomas Mann... a veces sobreviene la tristeza, porque las vivencias (lo que comentábamos del genio creador) y la historia de la época que acompaña al artista son...tan tristes. Es como si contemplando la Viena de 1900 (bueno, sin duda este pensamiento no es mío) se cerniera toda la época que va de 1914 a 1945, a lo que unimos la triste biografía de Mahler (a los judíos los querían matar en Alemania) su hija...uf! De todos modos, el universo Mahler, como tu muy bien dices, daría para miles de entradas. A mí me pasa eso con Brahms, pues me "cuesta menos" sentirlo como propio. Pero bueno, esto ya es más personal, es más mi opinión que otro tipo de consideración. Efectivamente, de acuerdo con los directores que me citas. Es curioso que me comentara un estudiante y actual director, que no tenía buen predicamento Abbado en ciertos círculos vieneses. Tal vez por eso Mutti (compatriota) tocó la obertura de Nabucco cuando dirigió el concierto de Año Nuevo (je, je, je)..seguimos en contacto. Gracias por lo de la blogpropuesta, muchas gracias. Un abrazo!!