martes, 17 de febrero de 2009

Gyorgy Ligeti (1)

Si hay una idea musical (y visual) que se acerca al significado del Cosmos, de su misterio (infinitud, vacío, materia oscura, agujeros negros, branas,…) de su silencio sobrecogedor esa es la que representa la música de Györgi Ligeti.

Nacido en una pequeña localidad de Transilvania, en 1923, hijo de judíos, Ligeti fue presa de la oscuridad de su tiempo. Superviviente del Holocausto, al contrario de sus padres y hermano, su patria pronto entraría en otra época de opresión asfixiante, cuando Hungría queda confinada tras el Telón de Acero .

Durante sus estudios en Budapest se revela como un maestro en al arte del contrapunto y en la música del renacimiento (se puede observar este detalle en sus obras corales a capella), pero también se especializa en la obra de J.S. Bach y en la del gran compositor húngaro del siglo pasado: su compatriota Bela Bartók.

Su catálogo musical es extenso y muy variado. Desde composiciones de raíz folclórica, como las corales anteriormente mencionadas, a piezas orquestales que crearon un lenguaje nuevo caracterizado por sus texturas musicales enredadas (cuerda, madera, metal,…) que, a veces, se manifiesta en grandes masas sonoras cromáticas de efecto estático (por ejemplo, sus Atmosphéres, que formó parte –junto con otras piezas- de la banda sonora de 2001 A Space Odyssey); en otras ocasiones la idea de distancia (Lontano); la aleatoriedad de sus cuartetos de cuerda; sus aventuras e investigaciones con microtonos (Ramifications)… Es sencillamente fascinante. Con Ligeti la expresión contemporánea (y no por ello, “raro” o infumable) adquiere, en música, una de sus más altas expresiones.

Se me quedan en el tintero muchas de sus obras más representativas (Réquiem, Lux Aeterna –incluida también en la BSO de 2001-, su ópera Le Grand Macabre-compleja en su estructura musical-).

Mañana continúo, lo prometo.

2 comentarios:

alexpantarei dijo...

Sin duda, un grande entre los grandes.

Para el que sólo haya escuchado la parte más famosa de su producción (Requiem, Lux Aeterna, Atmospheres y demás obras micropolifónicas), recomiendo ir al otro extremo: "Síppal, dobbal, nádihegedüvel", obra muy tardía (2000) y en las antípodas estéticas de lo anteriormente mencionado. Y muy divertida, por cierto.

Un abrazo, Rogelio.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Alex.

El "otro extremo" que comentas de Ligeti apenas lo conozco, si bien "Síppal, dobbal, nádihegedüvel" la he disfrutado...

En cualquier caso, es -como tú señalas- "un grande entre los grandes". Es toda una aventura...


Un abrazo.