martes, 10 de febrero de 2009

La Clase (Entre los muros) de Laurent Cantet


En plena tregua (momentánea) del pseudodebate sobre la Educación para la Ciudadanía, aparece en las pantallas españolas (en algunas privilegiadas, todo hay que decirlo) una película llena de energía discursiva: La Clase (Entre los muros, sería su traducción literal del francés). Dirigida por Laurent Cantet, se basa en el ensayo del protagonista de la película (no es un actor sino un ex profesor de instituto), Francois Bégaudeau. Este ensayo está editado, por cierto, por El Aleph.


Dice uno de los artículos del Cahiers España de enero que La clase se inscribe con honores en una larga tradición francesa de cine sobre la cuestión de la escuela (de Zero de conduite a Hoy empieza todo -¡qué maravillosa!, añado yo- pasando por Adios muchachos – como la anterior, obras de gran Bertrand Tavernier-). Obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2008. Se pregunta adicionalmente el crítico “por qué no es posible una película así en el cine español”. Bueno, yo no tengo la respuesta: tal vez el cine español esté ocupadísimo en construir cordones sanitarios contra nosequién…Bueno, en fin, disculpadme esta leve intromisión politiquera, que no política, en la entrada. Además, tampoco las generalizaciones harían justicia a creadores españoles de la talla de Medem, Erice, Garci, Díaz Yanes, Amenábar, y tantos otros grandes cineastas.

He de confesar que, a priori y tras haber leído los artículos del Cahiers, me aterraba un poco la idea de esta película como exaltación de la escuela pública francesa, entendida como pilar fundamental de la sociedad civil, el esqueleto de la educación en la cultura nacional. Decía que a priori, me aterraba esta idea, tal vez por mi orientación menos pública sobre la Educación y otras muchas cosas. Pero lo cierto es que tras verla, tras el discurso, apoyado en la sólida e inteligente trama dialéctica profesor-alumno que expone la película, mi lectura es que la Educación en Francia (al menos, tal y como la expone Bégaudeau) sí supone una praxis colectiva como reducto de derecho y poder de los ciudadanos frente a las injerencias del poder estatal (¿Toman nota ustedes, nuestros queridos políticos españoles?)

Rodada con el dinamismo de un documental, la clase, el espacio escénico (y dialéctico) es filmada cerrando los encuadres sobre los alumnos y sobre el profesor, con tres cámaras de vídeo dentro del aula: una, pendiente del alumno que habla, la segunda, del profesor que actúa como dialektikoi y la tercera, de las reacciones de los demás. Su exposición, desde el punto de vista discursivo, resulta muy eficaz. (Pocas veces, en los últimos tiempos, dos horas de película se me han pasado tan rápido).

Por último y como breve muestra del planteamiento reflexivo de Bégaudeau, adjunto (copiando del artículo de Cahiers) algunas de las “22 preguntas necesarias” sobre la escuela, sobre la Educación:
- ¿Cuáles son los valores de la escuela republicana y cómo se puede fomentar su reconocimiento por parte de la sociedad?
- ¿Hacia que tipo de igualdad debería orientarse la escuela?
- ¿Es preciso repartir de otro modo la educación entre la juventud y la edad adulta y que el mundo laboral esté más implicado?
- ¿Cómo se puede motivar al alumno para que trabaje eficazmente?
- ¿Cómo se organiza y prepara la entrada en un ciclo superior?
- ¿Cómo hacerse cargo de alumnos que tienen grandes dificultades?
- … así hasta 22 preguntas necesarias.

P.D.: Por cierto, mientras preparaba esta entrada, he escuchado en Diario de la noche de Telemadrid una entrevista a Rogelio Alonso, a propósito de la última hazaña etarra, ¡cómo no!, en Madrid. Creo que la distancia entre el análisis sosegado, pero firme a la vez, que realiza Alonso y los habituales discursos analíticos manidos de los corifeos oficiales no se puede medir en años luz… Se mide en parsecs.

4 comentarios:

Manuel dijo...

Recuerdo bien aquellos "Cuatrocientos golpes" de Truffaut, y el travelling con el pequeño desertor, Antoine Doinel, playa a través, buscando un mar que parecía más un paredón.
¿Quiénes son los naúfragos si todos vamos en el mismo barco?
Un abrazo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Querido amigo! Gracias por tu entrada de hoy. Coincidimos hasta en la intromisión en el politiqueo cineasta (hasta..no, sobre todo).

Por lo que he leído sobre La clase, estoy bastante de acuerdo y espero con ahínco el momento de verla.

Yo la veré en la televisión porque aquí en el paraíso de la cultura y el PER tenemos un maravilloso centro comercial con multicine como única opción.

El planteamiento de la Escuela que haces, es el que todo ciudadano podría o debería esperar. Lo cierto es que con este maravilloso sistema público lo que se está fomentando es el sistema privado, con lo que, como se dijo una vez, la posibilidad de promoción social a través de la educación queda cada vez más reducida. Hombre, si tuviéramos una bolsa como la de Londres, tal vez los estudiantes no se plantearían estudiar en la universidad...pero no es el caso ¿no? Por otro lado, como tú dices, el pseudodebate sobre educacion para la ciudadanía no es más que una ola en medio de la bonanza (entrando en la metáfora de Manuel). Por poner un ejemplo muy gráfico. Enseñar hoy es como explicar las reglas del ajedrez (que es lo que te dice que hagas la administración) a un 50% de niños que no saben qué es un alfil (y probablemente no lo sabrán). Es triste comprobar, enlazando, si me permites, con el comentario de Manuel, que todos vamos en el mismo barco, y que un capitán en busca de la utopía igualitaria (eso es lo que dicen, pero no se lo creen ni ellos, que lo que les gusta es tunear "ses limousins") no deje al timonel llevar el barco ni a la marinería atar cabos o largar velas. Para colmo se enzarzan en debates sobre cuándo va a empezar el curso o las archifamosas vacaciones, cuando en realidad lo que quieren es que los hijos estén en granjas-escuela de 8 a 8 de la tarde.
Efectivamente, a veces pienso que habría que privatizarlo casi todo...pero es que aquí ya contamos con el ejemplo de RUMASA, y es que ¿quién ha dicho que la educación va mal en un país de listos, tan, tan listos que tuvimos al más listo de todos de presidente del gobierno desde 1982? Bueno, podéis, amigos hostigarme por este último aserto, pero si hay algo que sostendré incluso frente a los Torquemadas de la Academia de Cine, es que el PSOE se "cargó" la educación en este país...y el PP tampoco hizo mucho por remediarlo.
Enhorabuena otra vez por tu entrada de hoy y por la apostilla...qué prisa se han dado ahora que no había negociación...

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Muchas gracias a los dos por vuestros comentarios, amigos.

Manuel: no conozco la película de Truffaut, a pesar de que no me es un director desconocido.

Fidelio: creo que ye va a gustar La clase. Está llena de matices u de inteligencia que invita a la reflexión.

Un abrazo.

Jorge O. dijo...

Ayer, después de mucho tiempo, fui al cine a ver “Entre los muros” o “La clase”, del director francés Laurent Cantet. No me quiero referir al argumento, a sus premios o a las críticas favorables que ya se han escrito. Quiero escribir sobre las reflexiones que me ha producido.
Soy un docente maduro, de Mar del Plata, Argentina y desde hace varios años trabajo en el sistema educativo oficial. Quiero escribir sobre el múltiple fenómeno socializante de la educación.
La educación pública en la historia cercana de mi país tuvo distintos períodos, con distintos objetivos desde el gobierno de turno:
- 1870 – 1940: Se buscó extender la enseñanza elemental para conseguir una uniformación de la población ante el fenómeno de la inmigración europea. Saber leer era una habilidad envidiada. Cultura del folletín, el libro, el diario. Los gobiernos creyeron que necesitaban ciudadanos ilustrados y buscaron aumentar el capital humano.
- 1940 – 1990: El mundo estaba dividido entre “los buenos” y “los malos”. En la escuela el maestro era el portador de los saberes, que eran entregados como herramientas a los alumnos para que estos se labraran un seguro porvenir, dependiendo de su sola voluntad. El progreso y el ascenso social eran posibles y aún seguros para los más capaces. Las actividades sociales eran múltiples y los clubes sociales y deportivos tenían mucha concurrencia, se hacían desfiles y reuniones públicas. Los gobiernos perdieron de vista a la educación como prioridad en los gastos.
- 1990 – 2009: En el mundo cayeron el comunismo y el neoliberalismo. La globalización termina con las seguridades de fuentes de trabajo y los trabajadores cambian fácilmente de lugar de trabajo. Aumenta la informalidad y el trabajo “en negro”. La institución familiar se desmorona, por separación y/o divorcio de los padres, etc. En la escuela se busca teóricamente hacer posible el diálogo maestro – alumno. El aislamiento social de jóvenes y adultos está fomentado por el uso autista de la televisión, los juegos electrónicos, la informática y la decadencia de los servicios sociales de clubes y otros centros. Auge de las adicciones.
Los gobiernos caen en la cuenta que cuando más ignorante y empobrecido es el pueblo, más fácilmente se lo maneja. No existe un modelo buscado de país.
El sistema de formación de docentes está muy desactualizado.
La Universidad pública no forma profesores adecuados para la función que les espera.
Para afrontar la mayoría de las problemáticas actuales el docente argentino debe ser formado también como:
- Tutor, asesor, escucha y confidente de sus alumnos.
- Conocedor de la realidad social de cada familia.
- Agente de prevención sanitaria.
- Animador sociocultural.
- Mediador en conflictos.
A pesar de la crisis económica mundial actual, si el gobierno argentino quisiera mejorar la tarea educativa, debería:
- Asumir la necesidad de la protección, formación y diálogo con los niños y adolescentes.
- Reconocer la función socializadora de la escuela, que reemplaza y/o cubre múltiples carencias institucionales (familiares, sanitarias y sociales).
- Aprovechar, potenciar, capacitar y favorecer la tarea de los maestros y las escuelas.
- “Adoctrinar” y formar amplia y profundamente a los directivos de las escuelas según el modelo de alumno y de país que se busca conseguir.