jueves, 12 de febrero de 2009

A propósito de Todas las mañanas del mundo

(Dedicado a mi amigo Fidelio, que ha escrito una preciosa entrada sobre este mismo tema).

Me recreé en la evocación de Sainte Colombe en El salón de Wurtenberg, novela que apareció en 1986. Y en La lección de Música, en 1897. Y en Todas las mañanas del mundo, novela que escribí en 1990. Y en Terrassa à Rome, novela publicada a principios del año 2000. Aún hay otro libro a punto de aparecer en impregnado de él, que habla de su vejez, de su regreso a Inglaterra. No sé si alguna vez osaré confiárselo a un editor…

…Nada sé aún de su muerte.
Nada sé de su infancia. De su adolescencia.

Descubrí a Sainte Colombe tras comprar un disco negro que habían grabado Wieland Kuijken y Jordi Savall en 1976. Contenía cinco de sus Concerts à deux violes esgales, entre los que figuraba el Toumbeau Les Regrets, diez años después del descubrimiento de las obras de de Sainte Colombe en Ginebra.

(Pascal Quignard. París, octubre de 2001. )

Escribía estas notas, Pascal Quignard, a propósito de la reedición de la banda sonora de la película Todas las mañanas del mundo, ganadora de 7 premios César en 1992, incluyendo mejor película, director y música. La película, basada en la novela de Quignard del mismo nombre, contiene una banda sonora dirigida e interpretada por Jordi Savall y su conjunto Le Concert des Nations, junto con su solista habitual, Montserrat Figueras y María Cristina Kiehr.

Es difícil concentrar en una entrada de blog el significado de esta película en la difusión, digamos, masiva de la Música Antigua (no sólo de la música del barroco francés; friso musical de la novela y de la película). Por resumirlo en una sola idea me atrevería de decir que esta obra (me refiero a la película) y su banda sonora supusieron el reconocimiento general del público de la llamada música clásica hacia un fenómeno interpretativo esencialmente diferente: la recuperación de obras pretéritas (de la Edad Media, Renacimiento, Primer Barroco) y su interpretación según técnicas propias de su contexto estético e histórico.

Todas las mañanas del mundo es mucho más que una película homenaje a la viola da gamba. De hecho, la viola que protagoniza la película, la Basse de Viol à sept cordes es un elemento tardío de una familia más amplia y antigua. No voy a extenderme en el repertorio global de la viola da gamba. Simplemente quiero recordar que bajo esta denominación se recoge, por ejemplo, la Consort Music británica (Purcell, Dowland, Gibbons, Ferrabosco, Byrd,…eximios polifonistas; ah, también el increíble Tobias Hume). El elemento protagonista en la película, la viola bajo de siete cuerdas, constituye uno de los elementos más característico del barroco de cámara francés: incluyo a F. Couperin (sus maravillosas Pieces de Viole, para dos violas y clave), Marin Marais (uno de los protagonistas de la película, con sus Pieces de Viole, quizás el autor que más posibilidades formales supo extraer del instrumento), M. de Sainte Colombe (inventor de la viola bajo de siete cuerdas; compositor y escritor musical que exploró las posibilidades estéticas y de ornamentación en este instrumento. Sus conciertos para dos violas iguales, sus Pieces de Viole, más que tratados de interpretación son un compendio de obras de efecto arrebatador).

Pero, ¿cuál es el argumento, el sentido de la película, de la novela? Más allá del homenaje musical, que he pretendido explicar líneas arriba, el argumento central es, en mi opinión, el siglo XVII en Francia, el Grand Siècle. Con sus contrastes: lo barroco, papista, jesuita, dorado, saturado de vírgenes y oratorios; por otra parte, el luteranismo, el calvinismo, lleno de rigor y austeridad. El esplendor de la corte versallesca, la apoteosis del engaño barroco, frente a la severidad, el rigor, la aspereza del jansenismo. El debate estético y vital entre alumno y maestro (Marais por una parte, aspira al esplendor y reconocimiento de la corte; Sainte Colombe, su maestro, jansenita, meticuloso, austero, alejado de los esplendores versallesco, en Port Royale).

La película nos cuenta, además, dos historias de amor sobrecogedoras: Sainte Colombe, viudo y con dos hijas, busca a través de la música el lenguaje para comunicarse con el más allá: para ofrecer una copa a los muertos. Una de sus hijas vive el amor desgarrado por Marin Marais quien busca reconocimiento y fama.

Es tarde y es hora de ir cerrando la entrada. Me dejo muchos argumentos por desarrollar: el jansenismo, las pinturas del gran Georges Latour (es una de mis visitas ineludibles cuando visito el Louvre), el combate estético y religioso del hombre de esa época (Pacal, jansenista, ha representado ese combate, de esa lucha que tiene lugar en el siglo XVII). En fin, no hay tiempo para más. Y tampoco quiero aburrir.

Finalizo con unas breves (e incompletas) muestras discográficas, que tienen relación directa con Todas las mañanas del mundo:

1. Tous les matins du monde, BSO dirigida por Jordi Savall. Recomiendo la edición de Alia Vox, el sello del maestro. Edición conmemorativa del décimo aniversario de la película.

2. Pieces de Violes, Francois Couperin. En este maravilloso disco, el primero que adquirí de Savall, contiene la forma suite para un trío de dos violas y clave (continuo). Ed. Astrée

3. Pieces de Viole (libros del 1 al 5) de Marin Marais. Existe un pack de cinco discos de precio medio editado por Astrée.

4. Concert a deux Violes esgales, Sainte Colombe. En realidad son dos CDs : el primero, al que se refiere Quignard, contiene obras del prier tomo; el segundo CD, del segundo tomo. Ambos discos están editados por Astrée.

5. Por último, un compendio resumen de las obra para viola, tanto de Marais como de Sainte Colombe, se incluyen en el volumen (3 CDs) Le Parnase de la Viole. M. de Sainte Colombe le fils et Marin Marais. Es una edición de auténtico lujo; con Savall (viola bajo), Pierre Hantaï (continuo, clave), Rolf Lislevand y Xavier Díaz Latorre (tiorba, guitarra), Philippe Pierrot (viola bajo). Lo edita Alia Vox, el sello de Savall.

Y muchos, muchos más…

Buenas noches.

4 comentarios:

Fidelio en el bosque animado dijo...

Hola Rogelio, soy yo otra vez! Por lo visto mi comentario está publicado debajo del vídeo y no al final de la entrada, así que me animo a dar más la lata.
Olvidé citar otro libro ya antiguo de Roger Chartier titulado El mundo como representación, en la línea que apuntaba antes. Y enlazando con tu entrada sobre Süskind, el principio del Perfume sin ir más lejos, vendría a traernos las sensaciones de las gentes del siglo XVIII. Qué distintas a las nuestras empezando por los olores...
Me viene a la cabeza aquel capítulo de cosmos titulado El espinazo de la noche. Sagan relata cómo nuestros antepasados miraban al cielo con temor y anhelo...En fin, me estoy poniendo manriqueño. Este mes, en alguna revista de Historia (de estas de divulgación, no sé si Clío, Historia y Vida...) viene precisamente un artículo sobre los Tudor y Holbein. Hay una serie sobre esta dinastía en Canal +, pero es demasiado...sexual!
Bueno, vuelvo a felicitarte por la entrada de hoy y, como bien-nacido, a darte de nuevo las gracias por tu dedicatoria. Un abrazo!

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Gracias a ti, Fidelio, por tuis comentarios.

La verdad es que Holbein es un hostoriador muy solvente, aunque no he tenido ocasión de ver la serie en C+.

Por otra parte, recuerdo muy bien el capítulo de "el espinazo de la noche" y cómo lo divulgaba Sagan en su irrepetible obra. (A mí me sigue resultando fascinante y misterioso el promer capítulo : En las orillas del océano cósmico).
Tu referencia a El Pefume es compartida, plenamente. Por cierto, qué maestría la de Süskind para describir el centro de París del XVIII en dos páginas (más o menos).

Un fuerte abrazo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Verdaderamente, el primer capítulo, sobre todo en la serie de TV, cuando iba terminando la música de Vangelis y se veía el rompiente de la ola. Impresionante, de veras!
Me refería a Holbein el pintor holandés. Disculpa la batidora de cosas que meto en cada comentario sin orden ni concierto a veces. En fin, es uno de mis defectos, el desorden en general. Digamos que estamos amueblando...así hasta la jubilación.
Con sinceridad, no te pierdes nada con no ver la serie. Es mejor cualquier libro o incluso biografía. Aunque sea la referencia de Dickens, que hizo un retrato nada caritativo de Enrique VIII. Sí que te recomiendo la de John Adams, protagonizada por Paul Giamatti y Laura Linney. La banda sonora, la ambientación, una vez más, ideológica e histórica...http://www.hbo.com/films/johnadams/

Cómo no voy a estar de acuerdo con el retrato que hace Süskind. Si me permites, casi mejor que muchas novelas históricas, donde, como en infinidad de películas, se proyectan esquemas presentes (anticlericalismo, odio de clase, derecha, izquierda) a situaciones del pasado, que no digo que no existieran, y con más crudeza, pero no con las claves de la España de los últimos cincuenta años, como es lógico. En este sentido, El Perfume no peca de eso. Quizá la crudeza de algunos de sus pasajes nos haga estar como en una película que recogiera imágenes del pasado.

Se nota que no soy un gran lector de novela histórica actual ¿no?
Un abazo!

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Ah... ahora me aclaro: Holbein el joven. Sí, me gusta muchísimo.

En cuanto a tu referencia de John Adams...te la agradezco. Ya va siendo hora de que repase un poco ese periodo de la Historia de Inglaterra, aunque su música la tenga muy presente (Tallis, W. Cornysh, su maestro de capilla... Las interpretaciones de los Tallis Scholars -Peter Phillps- siguen siendo referenciales).

Un fuerte abrazo.