lunes, 23 de marzo de 2009

Mi nombre es Harvey Milk, de Gus Van Sant


La trayectoria de Gus Van Sant es cualquier cosa menos homogénea, formalmente hablando. Es un director en búsqueda constante de estilo, en un camino que rubrica su (ya lograda) madurez estética y narrativa.

Tras la reciente recuperación para la gran pantalla de su primera película, Mala noche (1885), Mi nombre es Harvey Milk se revela como una obra de madurez. Obra portentosa en lo narrativo, en lo que significa de desafío, evitando caer en una historia más sobre la comunidad gay, Milk no deja indiferente ni al público ni a la mayoría de la crítica . Realizada a partir de un sólido guión del documentalista Dustin Lance Black, el ritmo de la narración es sencillamente perfecto (y si exagero, ¿qué más da?). Es cierto que encontramos, por otra parte, elementos muy característicos de la obra de Van Sant (desde la fenomenal Drugstore Cowboy – la primera película de este director que pudimos ver en España-, a Mi Idaho privado –la primera de sus películas donde la homosexualidad es un elemento narrativo e histórico esencial-), pero a mí este Harvey Milk me ha resultado diferente: tal vez la solidez del guión, la perfección del montaje, como elementos que provocan una reconstrucción histórica del líder homosexual (increíble el magnetismo de la interpretación de Sean Penn, en la cumbre de su carrera; también como director con su reciente Hacia rutas salvajes) a través de la narración en flashback por el protagonista.

En el número de enero de Cahiers España, Carlos Reviriego titulaba el estudio crítico de la película como "Tránsitos". Tras la “trilogía del silencio”, formada por la excepcional (y premiada) Elephant (2003), siguiendo por Last days (2005) hasta Paranoid Park (2007)… ¡que todavía –increíblemente- no se ha estrenado en España!

Esperaba mucho, muchísimo de esta película y, de verdad, no me ha defraudado. Ha superado mis expectativas. Y es que, desde que descubrí a Van Sant, hace casi veinte años (fue en Drugstore Cowboy, ¡cómo no!) nunca he dejado de creer en este cineasta, uno de los exponentes más interesantes del cine independiente americano… Me gusta mucho su cine, tanto es así que le perdono ese remedo de pastiche que nos ofreció en el insultante remake de Psicosis.

2 comentarios:

Manuel dijo...

El final de "Drugstore Cowboy" es de antología... Me gustan todas sus películas, hasta las supuestamente más comerciales.
Tu última cita era absolutamente pertinente.

vaumm dijo...

Al igual que alguien ha pensado en nosotros para este premio-virtual, nosotros hemos pensado en tu blog.

http://vaumm.blogspot.com/2009/03/premios-limonada-symbelmine.html

Un saludo