martes, 28 de abril de 2009

Literatura y Música . Josef Skvorecky - El saxofón bajo

Prólogo: Música Roja.




En aquellos días en los que todo en la vida era puro –porque teníamos dieciséis años, diecisiete- acostumbraba a tocar el saxo tenor. Muy mal. Nuestra banda se llamaba Música Roja, lo que, de hecho, no era un nombre muy acertado, ya que carecía de connotaciones políticas: había una banda en Praga que se llamaba Música Azul y nosotros, que vivíamos en el protectorado nazi de Bohemia y Moravia, ignorábamos que en jazz el azul no se refiere a un color, por lo que a la nuestra la llamamos roja. Pero si el nombre en sí no tenía connotaciones políticas, nuestra música, dulce a la vez que desenfrenada, sí las tenía, ya que el jazz era una espina clavada en el paladar de todos los hombres sedientos de poder que gobernaron sucesivamente mi tierra natal, desde Hitler hasta Brezhnev.

¿Qué tipo de connotaciones políticas? ¿Izquierdistas? ¿Derechistas? ¿Raciales? ¿Clasistas? ¿Nacionalistas? El vocabulario de ideólogos y charlatanes carece del término que pueda expresarlo. Al principio, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando mi generación experimentó su revelación musical, el jazz no llevaba en sí una nota de protesta (...)

(…) Claro está, sin embargo, que cuando las vidas de los individuos y de las comunidades se ven controladas por poderes incontrolados –negreros, zares, fuehrers, secretarios de Estado, mariscales, generales y generalísimos, ideólogos de cualquier tipo de dictadura- llega el momento en el que la energía creativa se convierte en protesta (...)

(…) Música Roja tocó frecuentemente (mal, pero con el entusiasmo propio de los muchachos de dieciséis años) durante el reinado del ario más ario de todos que, además, desempeñaba el papel de factótum en el terreno cultural: el doctor Goebbels. Fue Goebbles quien declaró: “Ahora me referiré con franqueza a la cuestión de si la radio alemana debería emitir o no la denominada música de jazz. Si por jazz nos referimos a aquella música que se basa en el ritmo y prescinde por completo de la melodía, música en la que se señala el ritmo primario mediante los horribles sonidos de ciertos instrumentos quejumbrosos que tan insultantes resultan para el espíritu, en este caso debemos contestar a tal pregunta de modo negativo” (...)



(…) Incluso en el célebre Büchenwald, constituido en su mayor parte por prisioneros checos y franceses, hubo una banda de swing… En un campo de concentración cerca de Wiener Neustadt se encontraba Vicherek, un guitarrista que había cantado el scat de Louis Armstrong en Tigre Rad y, por tanto, según el juez nazi, “había mancillado la cultura musical”.

Josef Skvorecky – El saxofón bajo (publicado en Alianza Tres, en 1988).


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Pocas obras he releído tanto como este prólogo a El saxofón bajo de Josef Skvorecky, titulado Música Roja. Hay pasajes que podría reproducir de memoria. Es muy poca la literatura que, desde la primera letra hasta la última, me ha provocado tanta sensación de identificación “cultural”, política,… que me ha dado tantos momentos de satisfacción. El libro incluye, junto con el citado relato –y su excepcional prólogo, repito- otro relato de corte existencial: Emöke.

Descubrí a Skvorecky, como a tantos otros, gracias a Milan Kundera. En este caso no fueron sus ensayos El arte de la novela o el prólogo de Jacques y su amo los que me desvelaron la existencia de este otro escritor (exiliado) checo. Fue una entrevista al primero que se publicó, hace más de veinte años, en la revista Quimera (qué magnífica publicación ha sido; y qué pena haberla perdido de vista con los años…)

Profesor de literatura en Canadá, donde se exilió en 1968, Josef Skvorecky fue una personalidad muy destacada en la vida cultural de Praga, hasta la invasión soviética, que provocó su exilio (y el de tantos otros, como el citado Milan Kundera). Cultivó, además de la literatura, el cine (colaboró con el cineasta Milos Forman) y, sin ninguna duda, la música de jazz, a la que homenajea con pasión en El saxofón bajo.

“Una de las grandes figuras literarias de nuestro tiempo”, escribía George Steiner sobre Josef Skvorecky, que “ha llevado al exilio la franqueza, la inteligencia política y la vitalidad que hicieron de Praga, en aquella famosa primavera del sesenta y ocho, uno de los lugares más humanos de la tierra”.

Buenas noches y buena suerte.

2 comentarios:

janys dijo...

Hola Rogelio; prometo leer tu entrada con más calma en otro momento; es que me voy en un rato más al psicóliogo y aun no estoy lista. Quiero agradecer tus palabras, no sabes el bien que me hacen en este momento; estoy en la psicosis total pues tengo gripe y sólo quiero recuperarme para dejar de pensar que es influenza. Te quiero mucho, pido tus oraciones para que esto pase ya y yo vuelva a ser esa panza verde tan escritora. Un beso. Hasta pronto.

Manuel dijo...

El instrumento que más se parece a la voz humana: frasea, exclama, susurra..., seduce.
Como diría "Bird":
"Cool, rapaciño, yeaahh".