miércoles, 17 de junio de 2009

A propósito de Edipo



EDIPO. ¿Qué puedo ver, o qué cosa puedo amar,
o qué saludo escuchar ya, amigos, con placer?
Llevad fuera del país cuanto antes,
llevad fuera, amigos, a este gran criminal,
al hombre más maldito y aborrecido por los dioses.

Sófocles – Edipo Rey (Traducción de Luis Gil, Clásicos Griegos, Círculo de Lectores).

El pasado jueves asistí a la representación de “EDIPO -. Una trilogía” en el Matadero. La obra se desarrolla a partir de Edipo Rey, Edipo en Colono y Antífona, de Sóflocles.


Dirigida por Georges Lavaudant, el reparto cuenta con actores de la talla de Eusebio Poncela (un fenomenal Edipo), Pedro Clasablanc (que interpreta de manera magistral a Creonte), el siempre solvente Miguel Palenzuela (Tiresias) y Rosa Novell (Yocasta), entre otros. La puesta en escena, sobria, confiere cierta intemporalidad a la acción. De eso se trata: los viejos interrogantes sobre la búsqueda de nuestra identidad (el “conócete a ti mismo” Socrático, tan presente en la obra de Sófocles). Esta búsqueda que se revela en toda su crudeza en el debate del héroe con el destino atroz, “cayendo en la trampa de los dioses o la fatalidad”, como señala Carlos García Gual.

Ya en la Poética aristotélica se señala Edipo rey como obra paradigmática del teatro ático. Su construcción formal vertebra el debate de fondo que preside la obra: la aspiración del ser humano de conocerse a sí mismo. Lejos de cavernas que nos impiden ver la realidad; lejos de engaños o autoengaños; el descubrimiento de la verdad por terrible que sea tendrá un efecto purificador sobre el héroe. Y es lo que más me gusta de este personaje, de este héroe clásico: el sentido ético que se autoimpone al descubrir quién es en realidad.

El descubrimiento como asesino de su padre, como hijo que comparte el lecho matrimonial con su madre provoca en Edipo un insoportable sentimiento de culpa que sólo saciará con su autoprovocada ruina. ¿Una jugada de los dioses?

Siempre me ha fascinado la sobrecogedora reflexión ética que preside esta tragedia. El héroe no puede resistir el peso de la culpa, al descubrirse parricida e incestuoso, y decide quitarse los ojos y autoexiliarse de Tebas. Aunque el pensamiento jurídico anterior a Sófocles había hecho la distinción fundamental entre el acto y la intención, Edipo no puede soportar esta pesada carga y se aplica un terrible castigo.


Hace unos días, el héroe auto desterrado, ciego, andrajoso, cruzaba el escenario del Matadero. Minutos después, su hija Antígona se enfrentaba a Creonte y su “razón de Estado”, con la desnudez de su percepción ética.

17 comentarios:

janys dijo...

Esta tragedia griega siempre me ha causado asombro pero me gusta, hace ver al ser humano como lo que es, alguien que siente, ama, se equivoca, se cae, se castiga y muere hundido en la desesperación y la culpa. Me gusta mucho esta entrada. Amigo Rogelio, te mando un beso lleno de verdor desde la ciudad de los panzas verdes; hasta pronto.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Pues sí, el ciclo tebano es una de las historias que más me ha impresionado desde que lo conocí. Es curioso cómo los motivos universales que nacen en Grecia se retoman y se retoman sin cesar...no digamos las puestas en escena. Qué envidia...Bueno, y en cuanto a los autores griegos, impresionantes algunas obras de Eurípides. Un abrazo!!

Manuel dijo...

Trágica nostalgia del útero materno, del no-ser... El sexo está tan cerca de la muerte o del des-nacer, como diría Unamuno ("Del sentimiento trágico de la vida").
Un abrazo.

Iojanan dijo...

En tus paseos nos traes una diversidad que nos enriquece, amigo Rogelio. Edipo es la consecuencia del cargo de los actos que sin pudor recae sobre unos hombros inocentes, porque para tener maldad hay que quererlo, de otra forma los vesánicos serían culpables y , también, sólo son víctimas, como Edipo, victimas de los propios dioses que así, en una crueldad que la naturaleza asume, hacen que se ejecute el castigo.Grandioso, pero amargo como la bilis.
Abrazos

Iojanan dijo...

Por cierto, Poncela es , sencillamente, un lujo. Enorme, mágico y único.Y aquí no podré verlo, pero ya tiene trayectoria sobrada.

El rincón de Chiriveque dijo...

Espero que sea mejor que la púmblea adaptación cinematográfia de Pasolini.

Un abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Hola Janys.

Efectivamente, así es Edipo. Un héroe que no puede soportar el peso de su culpa,... aunque sea el destino el causante de ésta, él no puede evitar su reponsabilidad.

Las obras de Sófocles son una asignatura irrenunciable.

UN abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

La verdad es que te habría encantado, Fidelio.

El Matadero de Madrid (yo vivo cerca de ese centro) es un espacio lleno de propuedstas escénicas interesantes. Esta producción la verdad es que me ha gustado mucho.

UN abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

El análisis que presentas es sugestivo y digno de otra de otra entrada diferente, Manolo. Sobre el sexo y la muerte, tal vez.

UN abrazo, amigo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Hola Iojanan y grcaias por tus comentarios. La verdad es que la tragedia de Sófocles provoca debates morales, trascendentes sobre la condición humana.

Por cierto, Poncela, como os comentaba en la entrada, sencillamente inconmensurable. Un gran actor, de los pies a la cabeza.

UN abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Chiriveque.

No conozco la versión de Pasolini. Y mira que me gusta su "Evangelio según San Mateo" o "Las mil y una noches"...

La versión que os comento es una coproducción del Teatro Español de Madrid y del GREC 09 Festival de Barcelona.

A mí me encantó.

UN abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Chiriveque.

No conozco la versión de Pasolini. Y mira que me gusta su "Evangelio según San Mateo" o "Las mil y una noches"...

La versión que os comento es una coproducción del Teatro Español de Madrid y del GREC 09 Festival de Barcelona.

A mí me encantó.

UN abrazo.

Bárbara Paraula dijo...

Buenos Días Rogelio, vengo a devolverle la visita que tan gratamente he descubierto en mi blog.

De verdad que les envidio, tengo la colección de tragedias griegas en casa, periódicamente las comienzo y nunca las termino. Supongo que carezco de algúna virtud necesaria para su lectura, porque el caso es que me gusta lo que sé de ellas.

Es cómo si nuestros antecesores griegos estuviesen mucho más conectados con el mundo, con sus acciones, con su responsabilidad y su espiritualidad que nosotros en nuestras sociedades.

Arrancarse los ojos por la culpa, que curioso, esto hoy lo resolveríamos con un "si te salío del corazón, hiciste lo que debías", que lo de la culpa es un concepto judaico y primitivo que hay que desterrar de nuestras mentes.

En fin, voy a echarle un vistazo a la entrada que tiene más abajo sobre Gran Torino, me commovió la película.

Un saludo.

Fidelio en el bosque animado dijo...

No puedo dejar de celebrar la serie de comentarios que se hacen a tu entrada, querido Rogelio!

Los motivos literarios de la literatura griega son universales. Ya lo dice Rodriguez Adrados: después de Grecia...la déluge! (bueno, esto de la déluge es una de mis ocurrencias...). Yo sí que he visto el Edipo de Passolini. Bueno, es que así es Passolini. Cuando lo veas ya me lo contarás. A mí me gusta la puesta en escena y los exteriores, la ambientación y todo eso...insisto, así es Passolini. Sí que es verdad que tiene cosas cutrecillas...pero bueno, no deja de tener interés.

Un abrazo!! Por cierto, hay una versión cinematográfica de Las Troyanas, no sé si la habrás visto.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Buenas noches Bárbara.

A mí siempre me ha gustado Sófocles, al igual que Esquilo y Eurípides. Y en particular el Edipo sofocleo.

En mi opinión, como señala usted, la asunción de responsabilidades se diluye con una (supuesta) ética del relativismo.

Gracias por su visita. Un saludo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

HOla de nuevo, FIdelio.

Lamentablemente tampoco conozco la versión de Las Troyanas que señalas. Aunque la he visto en teatro.

Es verdad lo que señalas de Pasolini y en lo referente a tu variación sobre la cita de Adrados, genial (je, je).

Un abrazo.

Fiodor M. Dostoievski dijo...

Lo único que me molesta en el montaje de Ladauvant que se hace en el Matadero, son las desconcertantes y posmodernas proyecciones que acompañan la representación. Lo de las proyecciones es una moda que, en los montajes de Mario Gas, comienza a ser un elemento irritantemente omnipresente... .
Por lo demás, admiro la sobriedad de todas las interpretaciones, destacando unos magistrales Pedro Casablanc y un Eusebio Poncela (en la mejor caracterización que le recuerdo). Muy comedidos ambos.
También es cierto que la conjunción de las tres obras en una trilogía es algo forzada, quedando Antígona, tras una anticlimática pausa para el público, algo descolgada del resto.
Pero la abreviación de los textos es realmente respetuosa: la adaptación capta la esencia de situaciones y personajes, va al grano sin perder intensidad ni convertir las obras en un mero esquema del original.
Saludos.