viernes, 26 de junio de 2009

Semper Dowland, semper dolens - John Dowland (II)

Nos quedamos ayer en la llegada de Dowland a la corte del Rey Christian de Dinamarca. Es aquí donde nuestro compositor desarrollará sus obras más importantes. En 1600 envía el manuscrito del segundo libro de canciones a su esposa para que se encargue de su edición. Este libro de canciones marca el periodo más importante en la producción del compositor. Está dedicado a la bella Lucy, condesa de Bedford, una dama alrededor de la cual se había originado un grupo de artistas caracterizados por su exploración de la oscuridad (del alma) la melancolía, el llanto, la pena. Todos estos temas serían una constante temática en Dowland durante toda su existencia.

En 1604 vio la luz una de las más importantes colecciones de Dowland, la única que escribió para música instrumental (dentro del estilo de la Elisabethan Consort Music): sus Lachrimae, or Seven Teares figures in seaven passionate pauans (son verdaderamente arrebatadoreas, creánme ustedes). Veintiuna piezas para whole consort (conjunto de la misma familia de instrumentos) de violas y laúd, siendo este último instrumento un solista, no un mero acompañante. Su intervención (me refiero al laúd) musical es la de añadir ornamentaciones al acabar las cadencias y el fraseo principal de las violas, aportando una peculiaridad sonora (profunda, oscura, triste, melancólica; esenciales en la producción de Dowland). La mayor parte del material melódico de las Lachrimae está tomado de obras anteriores, Ayres, para laúd y voz, arreglados aquí a cinco voces.

La más conocida de estas piezas anteriores es la pavana para laúd Lachrimae, (pavana antigua), sobre la cual Dowland construye siete variantes (las siete lágrimas del texto) de una intensidad arrebatadora, de una belleza fuera de lo común. No pretendo desarrollar más comentarios respecto a esta obra trascendental pero me gustaría destacar una que merece nuestra atención, también por lo significativo de su título, Semper Dowland, semper dolens (Siempre Dowland, siempre triste); algo así como una declaración de principios de un compositor eminentemente melancólico. (Hay que llegar al Barroco francés de cámara, edificado sobre la sonoridad de la viola bajo de siete cuerdas, para encontrarnos con desarrollos tan profundos y emotivos sobre la melancolía (Couperin, Marais,…)

No tengo tiempo para más escritura. Continuaré el lunes, con la tercera y última parte de esta dedicatoria a John Dowland. En cualquier caso, adjunto algunas de mis grabaciones favoritas de la música de este compositor imprescindible:

- John Dowland – Songs for tenor and lute. Intérpretes: Nigel Rogers (voz) / Paul O´Dette (laud). Virgen Classics.

El "estado de forma" del exquisito tenor inglés Nigel Rogers se encuntra en su máximo esplendor. Atención a las coloraturas de su voz y a su declamación. La grabación incluye una selección de canciones (o ayres) de los Libros I, II, III y IV.

- John Dowland – Ayres. Gerad Lesne – Ensemble Orlando Gibbons (Naïve).

No lo puedo evitar. No quiero evitarlo, tampoco. Me encanta Gerard Lesne. Es posiblemente mi contratenor favorito (más bien, un haute contre, en la tradición del Barroco francés). Su sentido del gusto, su color musical confiere a sus interpretaciones el tono de oscuridad que requieren. El efecto, acompañado magistralmente del conjunto de cuerdas Ensemble Orlando Gibbons, es veredaderamente arrebatador. Atención especial a In darkness, o a Can she excuse,… sin olvidar la magistral, bellísima masterpiece Flow my tears, una de las composiciones más geniales de Dowland.
Adjunto dos videos de Youtube, con Gerard Lesne y Andreas Scholl :



Lo dicho, el lunes continúo.

10 comentarios:

El rincón de Chiriveque dijo...

Imprescindible e impresionante. Gracias por compartirlo, Rogelio.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Gracias a ti, Chiriveque.

(Por cierto, te debo un comentario sobre tu admirado linguista. He tenido problemas de tiempo estas últimas semanas).

Abrazos.

Fidelio en el bosque animado dijo...

Amigo Rogelio! Esta semana estás que te sales, qué lástima haber llegado el viernes a dejarte algún comentario a tal florilegio. Bueno, las Lachrimae de Dowland son excelsas. Vuelvo a tu entrada sobre las anécdotas histórico-musicales para insistir en cómo se "contemporaneiza" la percepción musical y se olvida todo el Ars Antiqua. No sé, es como cuando se instaura el adjetivo "medieval" como sinónimo de algo peyorativo o bárbaro...Por último, es curioso que llevaba así como un año queriendo hacer algo con los músicos de la corte Tudor...me alegra mucho haber visto estas dos últimas y excelentes entradas. Un abrazo!

Bárbara Paraula dijo...

Buenos tardes Rogelio,
pues gracias a su enlace he escuchado por primera vez a este señor con nombre de palabra de moda informática. Musicalmente, ya conoce mi ignorancia, no le puedo comentar nada, más que mi agrado por escuchar instrumentos que sólo estoy acostumbrada ya a observarlos en algunos autores folk...

Lo cierto es que me parece una gozada poder encontrar personas que no les de vergüenza escuchar estímulos para adentrarse en su melanconlía y entristecerse sin complejos.

Siempre me ha molestado en sobremanera cuando me dicen "no llores" o "no estés triste",cómo si no fueran emociones humanas lícitas y que en determinados momentos es hasta bueno sentir.

Hasta ahora satisfacía mis deseos con canciones como las de Amaral, esa de "la melancolía es un licor tan caro, no te has dado cuenta y ya te ha emborrachado". Si se me ocurre a partir de sus enseñanzas dar el salto pinchando algo del Señor Dowland cuando necesite llorar, en mi casa se van a quedar a cuadros....

García Francés dijo...

Querido amigo, pido su ayuda para difundir en lo Blogosfera la llamada de esta angustiada madre cuyo hijo está preso en Cuba.

Damas de Blanco

Es uno de los cubanos apresados en la Primavera Negra por cuya libertad y la de sus compañeros se manifiestan las DAMAS DE BLANCO contra viento y marea.

Cuba exporta desesperados gritos de dolor

En mi blog tiene mayor información. Gracias por su interés.

García Francés dijo...

Disculpe mi prisa, amigo, veo queha añadido los enlaces al video para que podamos escuchar.Mil gracias.

Y me voy que estoy con lo de mis amigas las Damas de Blanco, discúlpeme.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Muchas gracias Fidelio.

¡Qué tiempos aquéllos los de Conversación Galante! Fue el "rito de iniciación" de muchos amantes de la Música Antigua. Lo conducía el "Gran Maestre", José Carlos Cabello.

Esta semana posiblemente le dediquer una entrada más general a la Consort Music británica.

Un fuerte abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

MUchas gracias por el comentario Bárbara.

A propósito de Dowland, ¿sabía que el cantante Sting le dedicó una disco hace tres años (editado por Deutsche Gramophon)? Se titula "Songs from the laberynth" y es un compendio de lo más granado de las canciones (Ayres) de John Dowland. Le acompaña al laúd, E. Karamazov, un excepional músico especializado en Antigua.

Estoy de acuerdo y comparto su comentario sobre la "bondad" de lamelancolía y entristecerse sin complejos.

Las letras de Dowland son de una exquisita sensibilidad igualmente.

Gracias por su comentario y un abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

No se preocupe, Don Alfredo. Me hago eco de su llamada.

Un fuerte abrazo, amigo mío.

janys dijo...

Mi querido Rogelio; cada vez admiro más tus amplios conocimientos de historis; cualquiera que sea su campo, quisiera tener esa capacidad tuya de aprendizaje, te admiro y respeto mucho; esta panza verde tiene mucho que aprender de ti. Un beso y un abrazo para ti amigo querido.