domingo, 25 de abril de 2010

Manuscrito encontrado en Zaragoza - Jan Potocki


(…) Me hallaba realmente a la entrada del valle de Los Hermanos y no lejos de las riberas del Guadalquivir.

Mientras continuaba mirando, vi cerca del río a dos viajeros, uno de los cuales estaba preparando el almuerzo, mientras que el otro sujetaba las bridas de dos caballos. Sentí tal contento de ver a unos hombres que mi primer impulso fue gritarles:

- ¡Agur. Agur! – que quiere decir en español “buenos días” o “salud”.

Los viajeros, que vieron las cortesías que yo les hacía desde lo alto de la horca, parecieron dudar un instante, pero de pronto montaron en sus caballos, emprendieron el galope y tomaron el camino de Los Alcornoques.

(Primer decamerón – Jornada segunda. Manuscrito encontrado en Zaragoza –versión de 1810- Jan Potocki. Edición de Fracois Rosset y Dominique Triarte – Ed. Acantilado).
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La cita que extraigo de esta extraordinaria obra (que se puede enmarcar dentro de la novela fantástica o del saber enciclopédico de su tiempo) me causa especial satisfacción. Al margen de la equivocación del conde Jan Potocki acerca del significado del vocablo vascuence agur, que significa adiós, me resulta más que ilusionante, a la par que revelador, esta muestra nítida sobre la consideración del vascuence (o euzkara) como lengua española. Lo cual es más que claro: nítido.

El oficial de la guardia Valona (cuerpo creado en 1596 para defender los territorios españoles en Flandes; Felipe V conservó este cuerpo como unidad de élite) Alfonso van Worden viaja a Madrid para ponerse al servicio del Rey de España. En una de sus etapas del viaje debe atravesar Sierra Morena donde le espera un misterio que deberá descubrir. Astrólogos, cabalistas, endemoniados, bandidos, gitanos, se cruzan en su camino, construyendo una trama vertebrada por historias dentro de historias y que se estructuran en seis decamerones.

Como escribe Marc Fumaroli, que presenta la edición arriba referida, “(…) Gentilhombre de la Europa francesa, el conde Potocki tuvo dos vidas literarias, aparte de una vida matrimonial decepcionante y una carrera política fracasada. Enciclopedista y polímata superdotado, sobresalió en todos los campos de la ciencia del siglo XVIII, publicando unas veces monografías exhaustivas, relaciones de viajes por Oriente y por Marruecos, investigaciones arqueológicas sobre la prehistoria sármata y rusa, y otros intentos de síntesis filosófica e histórica. Lingüista, lógico, matemático por añadidura, este Fausto de las Luces soñó con ser él solo un concentrado de todas las academias de Europa."


La verdad es que he disfrutado mucho de esta excepcional obra, que tenía pendiente desde hace bastante tiempo. Desconozco la edición de 1804 (creo que, en Español, está editada por Valdemar), pero ésta –la de 1810- con su buena traducción española, acompañada de unas notas introductorias muy interesantes, junto con un extenso estudio sobre Jan Potocki y su tiempo, resulta más que recomendable.

2 comentarios:

Fidelio en el bosque animado dijo...

Pues, querido Rogelio, tomo nota de tu recomendación para una lectura de la misma en breve (vamos, que me lo voy a comprar). A mí también me ha llamado la atención el "error" con "agur" y, por descontado, me ha llenado de regocijo. En general, y yendo a un tema paralelo, históricamente se llamaba a los marineros catalanes o aragoneses, españoles (Joseph Pérez, Isabel y Fernando. Ed. Nerea), o si queremos, hispanii. Digamos que vamos a tener que volver a la literatura sobre temas hispánicos para volver a encontrarnos con nuestra identidad (aunque sólo sea para encontrarnos con un país de bandoleros apostados en el Despeñaperros). En fin. Me ha encantado la entrada y mañana voy a encargar el libro, así que, felicidades, y gracias!!!

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Muchas gracias, amigo mío. Creo que te va a gustar esta lectura: una obra universal y singular a la par, sin duda.

La edición de Acantilado es bellisima, por otra parte, y el estudio hostórico y literraio del los responsables de la edición completísimo.

Un abrazo