miércoles, 9 de junio de 2010

Crónicas berlinesas - Joseph Roth


RASCACIELOS

“Rascacielos” no es un término técnico, sino un término popular que designa aquellos edificios enormes que se ven en las fotografías de las calles de Nueva York. Es un nombre romántico y gráfico. Es el nombre de un edificio cuyo tejado ha rascado el cielo. Hay algo subversivo en esta palabra, algo de los constructores de la Torre de Babel.

Un rascacielos: he ahí la rebelión materializada contra la vana inaccesibilidad, contra el secreto de las alturas, contra la trascendentalidad de la región celestial.

El rascacielos supone una de aquellas cimas del desarrollo técnico en la que se ha superado ya la sobriedad de la “construcción” y se empieza a acercar al romanticismo de lo natural. La nube, ese enigma lejano y maravilloso de la creación, misterio que trae la vida y da la muerte, bendición y maldición de Dios, temida y adorada por los hombres primitivos, se torna habitable y, pòr así decirlo, doméstica.

(Joseph Roth - Crónicas berlinesas. Ed. Minúscula)

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En “Crónicas berlinesas” Joseph Roth dedica un extenso análisis al Berlín de los años veinte. La atmósfera tan particular de la capital alemana durante la República de Weimar ha sido reflejada en muchas obras literarias (Berlin Alexanderplatz, de A. Döblin), musicales (Kurt Weil), también en el cine (Berlín, sinfonía de una ciudad de W. Ruttmann).




Uno de los momentos más críticos de la historia europea es reflejado en esta colección de artículos de prensa. Inquietante, fascinante a la vez… augurando el oscuro e inmediato porvenir del totalitarismo hitleriano, del horror: “(…) El mundo amenazado y aterrorizado debe darse cuenta de que la intrusión del cabo Hitler en la civilización europea no significa el principio de un nuevo capítulo en la historia del antisemitismo. ¡No! Lo que dicen los incendiarios es cierto, pero en otro sentido; este Tercer Reich es el comienzo de la destrucción.” (“El auto de fe del espíritu”, contenido en el volumen comentado).

6 comentarios:

Rubín de Cendoya dijo...

Qué buena pinta tiene Rogelio y qué bien lo has sabido poner.

Me lo acabaré comprando a pesar del amargor que me dejaron las cartas de Roth.

Saludos

Iojanan dijo...

No sabes, amigo Rogelio la puerta que acabas de abrirme. Lo presentas de manera fascinante. Este septiembre tengo prevista una escapada precisamente a Berlín, la conjunción es perfecta por mucho que son mundos opuestos. Me haré de él, sin duda, y tú eres el culpable, dichoso culpable, sin duda. Gracias como siempre.

Iojanan dijo...

De nuevo. No hay peor cosa( bueno, podría decir algunas) que tener una librería de guardia junto a la casa, por 16,50 euros lo tendré el martes.
Ya diré.
Más saludos

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Qué sorpresa volver a verte por aquí, Rubín.

El volumen que trato en la entrada no tiene desperdicio. Y tiene, también, cierto poso de amargor en algunos artículos. Pero es impresionante en su conjunto.

Un abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Es una ciudad increíble, Iojanan. Lástima que no podamos viajar en el tiempo a esa convulsa pero fascinante época, la que describe Roth, la que narra Döblin en su "Berlin Alexanderplatz".

De veras, me alegro de que lo hayas encargado. A ver si te gusta. Yo creo que sí. Como toda colección de artículos es para leer en pequeñas dosis. Pero es una experiencia increíble.

Un abrazo amigo. Ya me contarás tus impresiones.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

HOla Fildelio.

Estoy teniendo un año bastante complicado en el trabajo (complicado en mi caso significa "de mucho trabajo"; con lo cual no me quejo: no tengo derecho, hay situaciones muy dolorosas en nuestro país).

El volumen de Roth trae esa atmósfera delos Weill, Döblin, ... Como decía en otras respuestas, es un volumen impresionante.

Hoy es tarde, pero mañana me paso por tu blog. Un abrazo fuerte.