martes, 19 de octubre de 2010

Educación siberiana - Nikolái Lilin.

Cuando tenía seis años, mi tío Vitali me llevó a conocer a un amigo suyo al que yo nunca había visto, porque cuando nací estaba en la cárcel cumpliendo una larga condena. Se llamaba Alexandr, pero mi tío le llamaba Rizo.

Rizo acababa de salir ese mismo día, después de quince años de prisión. Era costumbre siberiana que los primeros que fueran a visitar a un recién liberado llevaran consigo a los niños: se consideraba de buen augurio y portador de buena suerte para la vida futura, libre y criminal (…)

(…) A Rizo lo encarcelaron luego por intento de asesinato contra un policía cuando tenía unos treinta años. No había ni pruebas ni testigos, pero lo empapelaron por “pertenencia a una banda criminal”, imputación para la cual bastaba incautar un par de pistolas en la vivienda del reo y que éste tuviera antecedentes penales: si llegaba a un acuerdo con las fuerzas del orden, el juez podía elevar la condena hasta veinticinco años por varios cargos. La justicia en la Unión Soviética no era ni mucho menos ciega, al contrario, a veces parecía que nos observase a todos con lupa.

Nikolái Lilin – Educación Siberiana (Editorial Salamandra).



Señala Roberto Saviano, en un extracto impreso en la contraportada de la edición española que “para leer este libro hay que estar dispuesto a olvidar las definiciones del bien y del mal, tal y como las conocemos”.

La verdad es que el relato, basado en la experiencia biográfica del autor, Nikolái Lilin, es sorprendente. Por la historia en sí misma, que gira en torno a una comunidad de bandidos siberianos, los urcas; y también por la capacidad de supervivencia del protagonista.


Los urcas constituyen una gran familia de delincuentes, que tienen el “honor” de haber sido deportados por Stalin desde Siberia, en vez de hacia Siberia, y que se enorgullece de seguir la autoridad que las de sus ancianos. Siguen (los urcas) un código de conducta, el de los “criminales honestos”,…

Sinceramente, una lectura muy recomendable, por la historia que narra y por el estilo ágil y preciso. Otro acierto más de esa excelente editorial, cada vez más interesante, llamada Salamandra.

7 comentarios:

Rubín de Cendoya dijo...

Tiene buena pinta, aunque ando yo ahora más ocupado de la cuenta con las lecturas, así que lo dejaré entre los previstos.

Atila el Huno dijo...

D. Rogelio!!

Pues yo he hecho una pausa de lecturas atroces y le he comprao a un coleguilla bloguero, Mr. Duncan de Gross, un par de sus libros...sin intermediarios capitalistas de por medio (el autor a penas ve el 13% del valor de venta del libro)...así no da pa pensiones privadas!!! ;)

Cuando me recupere de la trombosis que me ha dao con la "remodelación" ministerial...quizá haga por poder hacer unas lecturillas siberianas!!

Un abrazo!

Monsieur de Sans-Foy dijo...

El rosario de horror que deriva de los totalitarismos es inabarcable.
Pero, inexplicablemente, los totalitarismos "de izquierdas" parecen menos monstruosos, del mismo modo que los horrores de la Inquisición tienen peor prensa que los del Islam, aunque los primeros concluyeran hace dos siglos y los segundos sigan vigentes.

Quizá ahí está la clave: siempre es más fácil dar lanzadas a moro muerto, o a tirano prescrito: y ahí están Castro, Chávez y el Querido Líder de Corea del Norte, para recordarnos que la hidra comunista aún tiene cabezas.

Saludos afectuosos

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Muchas gracias por la visita, Rubín.

Un fuerte abrazo.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Don Atila !!

No se arrepentirá de estas lectuars siberianas, créame. Por cierto, sus colaboraciones con Don Alfredo, son fenomenales .

Abrazos.

J. Rogelio Rodríguez dijo...

Muchas gracias por su visita, querido Monsieur.

Estoy leyendo un ensayo fenomenal titulado "Peor que la guerra", de Daniel Jonah Goldhagen. No tiene desperdicio y expone de manera muy rigurosa la verdad de estos regímenes; me refiero a los totalitarios de izquierdas. Éstos sí que resultan mal parados (Mao, Lenin, POl Pot...)

Un afectuoso abrazo, también.

Atila el Huno dijo...

D. Rogelio!!

Como le acabo de comentar en el blog a una joven venezolana,el Socialismo es, debe ser, una actitud vital que, como el ateísmo, requiere altas dosis de reflexión. Es por tanto, y la Historia lo demuestra, incompatible con la IMPOSICIÓN; quiero decir, al imponerlo, no sólo lo desvirtúas sino que lo destruyes.

Sigo siendo comunista, pues sus "manifestaciones" del S XX ni me representan ni me definen, más bien me reafirman en la idea de que su realización sólo será posible mediante un cambio o evolución de la Conciencia...desde abajo. Desde luego...algo más cálido que el frío ideario siberiano.

Maestro, Espero que se anime usted también...sería la ¡¡cañaspaña!!; el mesié está ya en ello.

Un abrazo!!