miércoles, 28 de abril de 2010

Rosario dinamitera


ROSARIO DINAMITERA

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla
sedienta de una explosión.


(Miguel Hernández – Poemas de amor y de guerra)


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Estos versos del poeta Miguel Hernández, figura recientemente vilipendiada de manera gratuita por ciertos santones radiofónicos (César Vidal, Federico Jiménez Losantos -quien calificó de estalinista al poeta, sin mayores matices-) se ajustan malamente a la estética cutre y soez, por inmoral, que se manifestó con plenitud el pasado sábado en Madrid. Me refiero a la manifestación de Madrid de entre todas las de apoyo (supuesto) a Garzón que tuvieron lugar en toda España.

La flor y nata de la intelectualidad española (¿izquierdista?), o sea, Pilar Bardem, José Sacristán, Tristán Ulloa, Juan Diego Botto, Almudena Grandes acompañados por algunos políticos, como Gaspar Llamazares, Cayo Lara, Pedro Zerolo se manifestaron el pasado sábado en Madrid contra « la impunidad del franquismo». Y de paso, por supuesto, contra “los fascistas de la judicatura». Valía todo: alusiones al “no pasarán”, al “genocidio franquista” y contra la “impunidad del franquismo”. Ya se sabe, con el precalentamiento del acto en la Complutense en el que Jiménez Villarejo descalificó a los miembros del Supremo calificándoles de serviles a la causa franquista.

No puede ser más desolador este panorama. No puede ser más indecente el clima creado en nuestro país en torno a un caso, el proceso contra Garzón que, no lo olvidemos, acusa al juez de un supuesto delito de prevaricación en la investigación de las desapariciones del franquismo. Ni más ni menos. Recordemos que la Sala Penal del Tribunal Supremo decidió por unanimidad el 26 de mayo de 2009 abrir un proceso a Garzón por un delito de prevaricación (dictar a sabiendas una resolución injusta) durante la instrucción de la causa por las desapariciones del franquismo. La acusación se basaba en que Garzón (juez supernova; lo de estrella lo superó hace muchos años) inició y prolongó unas diligencias sobre las desapariciones del franquismo atribuyendo a personas fallecidas delitos que habían prescrito, estaban amnistiados. En opinión unánime del Supremo, estos temas no son competencia de la Audiencia Nacional.


Otra cosa es defender, como hace Amnesty International, la idea de que los crímenes de lesa (o contra la) humanidad nunca caducan, ni tampoco pueden verse favorecidos los criminales con leyes de perdón o “amnesia” (amnistía). Lo cual no implica que un juez pueda hacer lo que le venga en gana, superando sus propio marco de competencias.


El totum revolutum del caso Gürtel, la necesidad de contraataque mediático del PP –asediado por el citado caso-, la búsqueda indecente de un McGuffin por el Gobierno de España desbordado por la magnitud imparable de la crisis económica han hecho el resto. Y al final salen a la escena unos dinamiteros y dinamiteras mediáticas que muy poco o nada tienen que ver con Rosario, la dinamitera inmortalmente retratada por el genio de Miguel Hernández. (Por cierto y para dinamitera, la vicepresidenta del PSC, Manuela de Madre, que denunció «el intento de dos grupos fascistas, herederos de los asesinos del franquismo, de sentar a Garzón en el banquillo...” De veras que no hay palabras para semejante barrabasada).

Eso sí, en medio de tanta indecencia la cifra de paro en nuestro país se sitúa muy cerca de los cinco millones. Sí: CINCO MILLONES DE PARADOS. A los poco más de 4,6 únanle unos doscientos sesenta mil en periodo de formación más unos doscientos y pico del PER. Y con el peligro del efecto griego al acecho… Los malos, en este caso, no son los “franquistas asesinos”, son alguien peor: la codicia de los mercados –me imagino que cualquier lumbrera gubernamental, saldrá con una ocurrencia así o parecida; ya ni se molestan en citar a Krugman u otros santones neokeynesianos-.


A veces, amigos míos, pienso que vivimos en un país de marcianos. De veras.

domingo, 25 de abril de 2010

Manuscrito encontrado en Zaragoza - Jan Potocki


(…) Me hallaba realmente a la entrada del valle de Los Hermanos y no lejos de las riberas del Guadalquivir.

Mientras continuaba mirando, vi cerca del río a dos viajeros, uno de los cuales estaba preparando el almuerzo, mientras que el otro sujetaba las bridas de dos caballos. Sentí tal contento de ver a unos hombres que mi primer impulso fue gritarles:

- ¡Agur. Agur! – que quiere decir en español “buenos días” o “salud”.

Los viajeros, que vieron las cortesías que yo les hacía desde lo alto de la horca, parecieron dudar un instante, pero de pronto montaron en sus caballos, emprendieron el galope y tomaron el camino de Los Alcornoques.

(Primer decamerón – Jornada segunda. Manuscrito encontrado en Zaragoza –versión de 1810- Jan Potocki. Edición de Fracois Rosset y Dominique Triarte – Ed. Acantilado).
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La cita que extraigo de esta extraordinaria obra (que se puede enmarcar dentro de la novela fantástica o del saber enciclopédico de su tiempo) me causa especial satisfacción. Al margen de la equivocación del conde Jan Potocki acerca del significado del vocablo vascuence agur, que significa adiós, me resulta más que ilusionante, a la par que revelador, esta muestra nítida sobre la consideración del vascuence (o euzkara) como lengua española. Lo cual es más que claro: nítido.

El oficial de la guardia Valona (cuerpo creado en 1596 para defender los territorios españoles en Flandes; Felipe V conservó este cuerpo como unidad de élite) Alfonso van Worden viaja a Madrid para ponerse al servicio del Rey de España. En una de sus etapas del viaje debe atravesar Sierra Morena donde le espera un misterio que deberá descubrir. Astrólogos, cabalistas, endemoniados, bandidos, gitanos, se cruzan en su camino, construyendo una trama vertebrada por historias dentro de historias y que se estructuran en seis decamerones.

Como escribe Marc Fumaroli, que presenta la edición arriba referida, “(…) Gentilhombre de la Europa francesa, el conde Potocki tuvo dos vidas literarias, aparte de una vida matrimonial decepcionante y una carrera política fracasada. Enciclopedista y polímata superdotado, sobresalió en todos los campos de la ciencia del siglo XVIII, publicando unas veces monografías exhaustivas, relaciones de viajes por Oriente y por Marruecos, investigaciones arqueológicas sobre la prehistoria sármata y rusa, y otros intentos de síntesis filosófica e histórica. Lingüista, lógico, matemático por añadidura, este Fausto de las Luces soñó con ser él solo un concentrado de todas las academias de Europa."


La verdad es que he disfrutado mucho de esta excepcional obra, que tenía pendiente desde hace bastante tiempo. Desconozco la edición de 1804 (creo que, en Español, está editada por Valdemar), pero ésta –la de 1810- con su buena traducción española, acompañada de unas notas introductorias muy interesantes, junto con un extenso estudio sobre Jan Potocki y su tiempo, resulta más que recomendable.

miércoles, 21 de abril de 2010

BORIS VIAN - LA VIDA ES COMO UNA MUELA

LA VIDA ES COMO UNA MUELA

La vida es como una muela.


Primero ni se piensa en ella


Uno se contenta con masticar


Y de repente se empieza a picar


Y, aunque duela, uno se aferra


Y la tratamos y los problemas


Y para que ya nunca duela,


Hay que arrancarla. La vida.

(Traducción de Begoña Díez de Zearsolo)

(Boris Vian – “No me gustaría palmarla”- Poemas ilustrados. Ed. Demipage)


(…) Hoy en día, y como dice muy bien Francisco Javier Irazoki “Vian es ya un clásico. Los nostálgicos cantan de memoria sus canciones. Los jóvenes encuentran unos gramos de rebeldía. Para el resto forma parte del paisaje cultural” (Darío Villanueva, del prólogo a esta edición de “No me gustaría palmarla”).

domingo, 18 de abril de 2010

Monet y la abstracción (I)

Claude Monet - Nenúfares, 1916-1919
MONET Y LA ABSTRACCIÓN (I).

Para el movimiento moderno del periodo de entreguerras (siglo XX) la figura de Claude Monet quedó casi relegada a la de un representante genuino del impresionismo pasado. La mayoría de los pintores abstractos de entreguerras, cubistas y poscubistas compartían su admiración por Cézanne y rechazaban especialmente el impresionismo que había dominado la última década del siglo XIX.

Sin embargo, en 1945, con motivo de la exposición de monográfica dedicada a Monet, en la galería Wildenstein de Nueva Cork, el crítico Clement Greenberg escribía: “La reacción contra lo que se llamaba la carencia de forma de la pintura impresionista arrojó sombras durante algún tiempo sobre la reputación de Monet, Pisarro y Sisley. Ahora parece darse otra reacción contra aquella reacción. En sus pinturas hemos descubierto más forma de la que se había supuesto”. Esta recuperación de la obra de Monet avanzó en la misma medida que el expresionismo abstracto en Norteamérica. Finalmente, nadie duda hoy en día de la radical importancia de la obra del “impresionista” francés y su profunda trascendencia en las corrientes estéticas posteriores en torno a la abstracción.

Mark Rothko - Negro, rojo y negro, 1968

A través de un deslumbrante diálogo con artistas abstractos (y expresionistas) como Pollock, De Kooning, Clyfford Still, Barnett Newmann, Mak Rothko y otros se expone estos días esta maravillosa muestra estética, en Madrid (Museo Thyssen y Fundación Caja Madrid).


Willem De Kooning - Sin título II, 1979

No había “visitado” nunca la pintura de este artista en su condición de diálogo con el movimiento expresionista abstracto. Sin duda, lo que he visto esta mañana me ha permitido comprender un poco más las claves de ese diálogo.

No se la pierdan, amigos.

martes, 13 de abril de 2010

Bukowski (I)



SÉ AMABLE

siempre nos piden
que entendamos el punto de vista
de los otros
sin importar si es
anticuado
necio
asqueroso.

A uno le piden
que entienda
amablemente
todos los errores de los otros
sus vidas desperdiciadas
sobre todo si son
de edad avanzada.

Pero su edad es lo único
en lo que nos fijamos.
Han envejecido
mal
porque han
vivido
sin enfoque,
se han negado
a ver
¿que no es culpa suya?
¿Culpa de quién?
¿Mía?

Se me pide que oculte
mi opinión ante ellos
por miedo a su miedo.

La edad no es un crimen
pero la vergüenza
de una vida
deliberadamente
desperdiciada

entre tantas
vidas
deliberadamente
desperdiciadas

sí lo es.

CHARLES BUKOWSKI


viernes, 9 de abril de 2010

Música en Semana Santa - El coral luterano (II)

Siguiendo el hilo conductor planteado en la primera entrega, podemos decir que la interpretación de Christian Gerber estaba más inspirada por el pietismo que por el luteranismo. De esta manera, el compositor Georg Motz (1653 – 1733) publicó un tratado, Die vertheidigte Kirchen-Music, en le que rebatía punto por punto todas las críticas de Gerber, demostrando que tanto la Biblia como Lucero apoyaban la música en el templo, utilizando citas y referencias de teóricos y músicos como Bartolus, Praetorius o Lippius.

Es cierto que la disputa expuesta en el primer capítulo no tendría ningún interés para nosotros de no reflejar de una manera tan precisa los conflictos sociológicos y musicales que se dieron dentro de la Iglesia Protestante alemana como consecuencia del impacto de la música profana en los conceptos más esenciales de la música sacra de aquel tiempo.


El 30 de mayo de 1723 Johann Sebastian Bach tomaba posesión del cargo de cantor (Cantor) en Santo Tomás de Leipzig; este cargo no era un cargo eclesiástico, sino municipal: el puesto de Kantor estaba adscrito al colegio de Santo Tomás (Thomasschule) y no a la Iglesia de Santo Tomás (Thomaskirche), aunque por supuesto, ambas instituciones mantenían una estrecha relación. Sin embargo Bach no tenía especiales relaciones profesionales con la Thomaskirche; él y su familia pertenecían a esa parroquia, pero su cometido profesional como Kantor y Director Musites abarcaba también a la otra iglesia principal de Leipzig, San Nicolás (Nicolaikirche), lugar donde se escucharon por primera vez muchas de las obras de Bach, como su Oratorio de Navidad, buena parte de sus cantatas y la Pasión según San Juan.

martes, 6 de abril de 2010

Música en Semana Santa - El Coral Luterano (I)

“Si los primeros cristianos se levantaran de sus sepulturas y pudieran visitar nuestras asambleas y escuchar la música que ahora suena en los días de Pasión, quedarían muy sorprendidos. Porque al oír un órgano rugir y otros tantos instrumentos acompañar canciones de amor cuyo lugar debe estar en los teatros y no en nuestros templos, no creo que pudieran reconocernos como cristianos, como sus sucesores”.

Así se expresaba Christian Gerber (1660 – 1731 sobre el uso de la música en la Iglesia Protestante en una de sus teológicas (Unerkandte Sunden der Welt, cap 81. Dresde 1890, 1695, 1703). Citando las Sagradas Escrituras y las palabras de Lutero para probar que la música de su tiempo era sacrílega, Gerber se convirtió en uno de los mayores defensores de las interpretaciones simple et plano de la historia de la Pasión, “que hasta ahora tan excelentemente se habían cantado con sobriedad y recogimiento” práctica opuesta al modo “artificial en sumo grado con toda clase de instrumentos” que, según él, iba abriéndose paso en diversas ciudades alemanas.

Cierto es que, a partir de 1650, algunos músicos comenzaron a introducir novedades destacadas en sus composiciones para la Pasión, entre ellas la aparición de instrumentos con un propósito ornamental colla voce. Estas nuevas composiciones llamadas “oratorio – pasión” contenían, además, episodios reflexivos, sinfonías, textos bíblicos paralelos e himnos. Las primeras de ellas son las de Thomas Selle, de Hamburgo; en su Pasión según San Mateo utiliza instrumentos para la edificación (armónica) del bajo continuo y dos instrumentos melódicos para las intervenciones de Jesús y el Evangelista. Otros compositores como Colerus o Johann Theile añadieron recitativos en sus pasiones, pensadas para ser interpretadas en diversas iglesias de corte, si bien tales prácticas musicales no eran todavía comunes en círculos aristocráticos.



Pero, ¿llevaba razón Gerber en su feroz crítica a las prácticas musicales en la Iglesia? Para adelantarnos a la respuesta, que desarrollaré en la próxima entrada, debemos recordar que en su tiempo el género “oratorio-pasión” estaba comenzando a gestarse y los compositores de la época sólo utilizaban los instrumentos de manera muy tímida.

(En su excelente entrada sobre el mismo tema, el coral luterano, mi amigo Fidelio desarrolla un vibrante discurso sobre la recepción católica de estas prácticas musicales plenamente protestantes, en su máximo esplendor. Recomiendo su lectura por lo interesante de su reflexión).